La génesis del consenso

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La génesis del consenso

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   La Constitución aprobada por las Cortes ha sido el resultado de lo que se ha llamado, no con demasiada propiedad, «consenso». Es decir, su texto no responde a lo que quería ninguno de los partidos representados en el Congreso y, secundariamente, en el Senado. Se ha mantenido una voluntad de coincidencia, de manera que la Constitución fuese, al menos, aceptable para todos los partidos parlamentarios, y se ha supuesto que esto quería decir, también, para la nación en su conjunto. Sobre la justificación y los límites del consenso se ha escrito mucho, pero en todo caso es agua pasada: la Constitución está hecha, aprobada, refrendada, promulgada; es el texto legal capital vigente, y va a servir de marco para nuestra vida pública. \\     Para lo que no sirve es para orientarnos sobre los partidos a la hora de darles nuestros votos, porque en ella no se expresa el contenido político de ninguno de ellos, su voluntad particular, su programa efectivo, no simplemente nominal. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo saber lo que de verdad lleva cada partido en su vientre, lo que será su política real si alcanza el poder? \\     Pues bien, la Constitución del 6 de diciembre de 1978 es la diagonal de un paralelogramo político, la resultante de las fuerzas políticas de todos los partidos parlamentarios. Si ahora, el 1 de marzo de 1979, nos interesan estos partidos, para decidir entre ellos, tenemos que pasar de la resultante a las fuerzas actuantes, del consenso a las voluntades que lo han producido. \\ Esto es lo que llamo la génesis del consenso. Se ha llegado a él después de que cada uno de los partidos ha hecho sus propuestas: votos particulares, enmiendas, explicaciones de voto. No es ningún misterio: todo está en las actas del Congreso y el Senado, impreso en los Boletines Oficiales de las Cortes. No hay más que ver qué proponía, respecto a cada punto importante para el porvenir de España, U. C. D., el P. S. O. E., el Partido Comunista, Alianza Popular, la Entesa deis Catalans, el Partido Nacionalista Vasco, Euskadiko Eskerra, cada uno de los partidos catalanes, etc. Qué texto constitucional quería cada uno de estos grupos que resultase triunfante; en qué dirección y sentido iban sus votos particulares, sus enmiendas, qué figura política componía el conjunto de esas actuaciones. Eso es lo que constituye el programa real de cada uno de los partidos, la configuración que ha intentado dar a España, que va a seguir intentando dar, que conseguirá en la medida en que logre la mayoría. \\     Cada partido, si es honesto, si no pretende engañar a los electores, debería reunir las líneas capitales de su actuación parlamentaria en las Cortes anteriores y presentarlas a la opinión. Si los partidos creen que están en lo cierto, deben apresurarse a mostrar su verdadero contenido. Si alguno no lo hace, lo oculta o lo desfigura, nada más fácil para sus adversarios o rivales que mostrar el ocultamiento o la falsificación. \\     Tenemos que aprender los métodos de la democracia, que nunca habíamos dominado y que, en todo caso, la inmensa mayoría de los españoles no ha tenido ocasión de ensayar. Hay que inventarlos, precisarlos y, sobre todo, usarlos eficazmente. Como no soy hombre de partido, como me interesa más España que todos los partidos juntos, y estos solamente en la medida en que sirvan a sus intereses superiores, como mi oficio y mi vocación son pensar sobre las cosas, me atrevo a proponer este método: el análisis de la génesis del consenso. \\     La Constitución es muy larga y está llena de detalles técnicos y de procedimiento; la legislación de este tiempo pasado ha sido frondosa, y gran parte de su contenido queda fuera de la competencia y los intereses del elector medio, Hay que reducirse a aquellos puntos en que se ha formulado una interpretación política de España.FUENTE: Julián MARÍAS: Cinco años de España. Madrid, Espasa-Calpe, 1981, pp. 122-126.