Felipe González y el marxismo

| Proyecto de innovación docente. Historia Contemporánea | Administración electrónica |

Felipe González y el marxismo

Descargar versión en PDF

El XXVIII Congreso del PSOE tuvo un eco público y siguió un curso político que pocos podían prever unos días antes de iniciarse sus sesiones. El debate sobre el marxismo había aflorado en los meses anteriores al Congreso, pero las conversaciones mantenidas por varios dirigentes socialistas (Alfonso Guerra y Luis Gómez Llorente, principalmente) hacían pensar que al final se llegaría a cierto punto de equilibrio que no resultase «incómodo» para ninguno de los dos sectores del PSOE, y que no dificultara sus posibilidades de expansión. Sin embargo, en el XXVIII Congreso se produjo un tenso debate sobre la estrategia y la orientación ideológica del partido. Sometidas a votación las propuestas, ganó la ponencia en la que se definía al PSOE como «un partido marxista de clase, frente a la propuesta alternativa de una definición más abierta y plural. Felipe González, que había efectuado previamente diversas declaraciones en los medios de comunicación rechazando un exclusivismo marxista, realizó una vibrante intervención pública en el Congreso, en la que anunció su renuncia a presentar su candidatura como secretario general. La intervención acabó con una afirmación rotunda: «¡Hay que ser socialistas antes que marxistas!». A partir de ese momento en el Congreso se produjo una gran desorientación. Los partidarios de la definición marxista (Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente, Tieno Galván, Pablo Castellano, etc.), intentaron formar una candidatura alternativa de Comisión Ejecutiva, mientras que muchos delegados reclamaban un debate más amplio en el seno de la organizacion. Finalnente se acordó nombrar una «comisión gestora», con el mandato de preparar un Congreso extraordinario, que se debería celebrar después de realizar un amplio debate en todo el partido. En gran parte, el conflicto surgido en el XXVIII Congreso reflejó no sólo un debate latente, históricamente heredado de los sectores radicales y reformistas del socialismo español, sino también el impacto acumulado de los importantes cambios sociales y culturales acontecidos en España durante el largo período de dictadura franquista, especialmente durante las décadas de los años sesenta y setenta, que de manera tan sustancial habían modificado la faz social de España. De esta forma, cuando el PSOE se pudo proyectar libremente ante la sociedad española, después de cuarenta años de clandestinidad, se encontró ante una sociedad que presentaba unas circunstancias radicalmente distintas a las de 1936. ( ... ) Los cambios sociológicos, las transformaciones en el mapa político internacional y las modificaciones en el panorama intelectual y cultural, hacían que el marxismo no pudiera ser interpretado ni utilizado de la misma manera. De igual forma la actitud de los católicos ante el socialismo había cambiado después de la experiencia de los gobiernos socialdemócratas del norte de Europa, y después del Concilio Vaticano II. En este nuevo contexto, el gran reto del Partido Socialista Obrero Español era lograr actuar en sintonía con las nuevas realidades, emprendiendo una serie muy amplia de adaptaciones en un período de tiempo excepcionalmente corto. En las nuevas coordenadas sociológicas de la sociedad española, no tenía sentido mantener una definición de exclusivismo marxista y de pseudo radicalismo político que no se correspondía con la más importante tradición del PSOE, en el que había predominado desde su fundación una orientación socialdemócrata y una convivencia razonable de sectores de inspiración marxista y no marxista, con la única excepción del período comprendido entre 1934 y 1939. La crisis abierta en el XXVIII Congreso se resolvió en el Congreso extraordina rio de septiembre de 1979 con un retorno a los criterios generales de orientación tra dicionales del PSOE, a los que se añadió una decidida apuesta de modernización. Así el PSOE quedó configurado como un partido de carácter democrático y federal, re chazando el exclusivismo marxista y manifestándose heredero de todas las aporta ciones ideológicas que habían contribuido al desarrollo del pensamiento socialista. ( ... ) El debate sobre el marxismo contribuyó, así, a perfilar un nuevo modelo de organización y de orientación política en el veterano partido, que tuvo dos efectos importantes: por una parte consolidó el liderazgo de González y, por otra, inició un proceso de expansión del PSOE que acabó conduciendo al triunfo electoral de 1982. FUENTE: FUENTE: «Un debate histórico», artículo de José Félix TEZANOS en 1975-1995. Veinte años de nuestra vida. Historia de la democracia. Capítulo 24. El Mundo.