SENDER, Ramón J (1934). Viaje a la aldea del crimen (Documental de Casas Viejas).

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SENDER, Ramón J (1934). Viaje a la aldea del crimen (Documental de Casas Viejas).

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Impresionante reportaje sobre los hechos ocurridos en esta aldea de Cádiz los días 10, 11 y 12 de enero de 1933 que Sender, enviado por el periódico La Libertad, elaboró a partir de las crónicas publicadas en ese periódico. Sender subraya el hambre del campesino, el ansia de repartirse las 33.000 hectáreas de tierras sin cultivar, el feudalismo del campo andaluz y el salvajismo atroz e inconcebible de la represión. Las crónicas de Sender, modelo en su género, estremecieron a la opinión pública e hicieron un daño irreparable al gobierno de Azaña.

Pero las fuerzas no querían que se hiciera de día sin haber liquidado aquéllo. Todo tenía que estar resuelto aquella misma noche. Al día siguiente, con la luz del día, podían surgir complicaciones. El fuego no cesaba. Advirtieron que ya no tiraban con bala ni con sorreras, sino con perdigón; pero hacia las doce, en lugar de disparar sólo dos escopetas disparaban tres. Sin contar el mosquetón. La muchacha Francisca Lago había vuelto a entrar —nadie ha podido averiguar todavía por dónde ni de qué manera—, llevándole a su padre la escopeta prometida. Quedó a su lado, disponiendo la carga. A medianoche tenían dos heridos: Pedro Cruz, con un balazo en la cabeza, y Josefa Franco, con el pecho izquierdo destrozado por un rebote. Francisca Lago había dicho al entrar:
—El guardia de la serca ha palmao, padre.
Pedro Cruz se mantuvo hecho un ovillo en el suelo, con la cabeza ensangrentada. Su sobrina, Mariquilla Silva, quiso hacerle un vendaje y curarle; pero vio que había muerto. Como el cadáver dificultaba los movimientos, fue sacado el del guardia y asomado a la cerca de al lado, donde quedó colgado hacia el corralillo. El de Pedro ocupó su lugar sobre el arca. Junto al cadáver del guardia dejaron dos gorras en lo alto de dos listones, que fueron acribilladas a balazos. Trataron de distraerlos para que pudieran huir las mujeres y el niño. Los atacantes, que tenían linternas de bolsillo y dejaron dos enfocando la choza desde lo alto, se dieron cuenta de la maniobra y arreciaron el fuego sobre la techumbre y los flancos. El guardia del corralillo seguía gritando y pidiendo auxilio, a pesar de lo que dijo Francisca Lago. En otro instante en que cesó el fuego, «Seisdedos» volvió a pedir una tregua para que se retiraran las mujeres y el chico. Los sitiadores consintieron en que saliera sólo el último. En cuanto a las mujeres, podía ser una estratagema para huir todos disfrazados.

El muchacho salió, saltó la cerca sin dificultad y bajó hacia el pueblo corriendo. «Seisdedos» ordenó a Mariquilla:
—¡Anda tú también! ¡Vivo!
Ella se resistía. «Seisdedos» la empujó. Mariquilla se vio fuera, sintió unas ráfagas de luz a su alrededor y corrió a resguardarse junto al borrico. Le hicieron fuego; pero pudo saltar y huir. El animal quedó acribillado a balazos.

En aquel momento llegaba otra compañía de asalto completa, con bombas de mano y ametralladoras.