El Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores comparecen ante la opinión pública en solicitud del sufragio popular para las candidaturas que, como expresión de sus ideales, ofrecen al cuerpo electoral. El Partido Socialista, desde que se fundó, no ha rehusado una sola ocasión de ejercer el derecho al voto. Ninguna colectividad política puede atribuirse mayor esfuerzo de educación ciudadana que el representado por la acción electoral de los socialistas a lo largo de toda la historia política de España, partiendo del instante mismo en que fue instaurado el sufragio universal. Ni la mofa escarnecedora que escoltó las primeras propagandas obreras cuando las actas de escrutinio registraban un número insignificante de papeletas a favor de Pablo Iglesias y Jaime Vera, ni las viles coacciones puestas en juego cuando empezamos a inquietar al adversario, ni el soborno con que frecuentemente se quiso detenernos. \\ Al dirigir la mirada atrás para contemplar a España en las últimas décadas del siglo XIX y en las que van transcurridas del siglo presente, no hemos de dejar limitada a la ufanía de proclamar jubilosamente la aptitud de nuestra organización política y la potencia de nuestra organización sindical -ésta relativamente superior a todas sus similares del mundo-, sino declarar probándolo que ninguna conquista de las realizadas desde que nosotros existimos se ha hecho sin la cooperación y el sacrificio del Partido Socialista y la UGT, y que todas las ventajas de orden social por las cuales se ha ido aliviando el negro vivir del proletariado son obra nuestra, exclusivamente nuestra. \\ Nadie contribuyó más vigorosamente a crear la conciencia protestataria del país contra la monarquía. Arrostrando impopularidades en que nos quiso envolver un patriotismo idiota y chabacano, defendimos la autonomía de Cuba, Puerto Rico y Filipinas cuando la sublevación de aquellas colonias contra un régimen despótico que desangraba España, y la voz de los socialistas adquirió tonos de encendida protesta, que no pudieron acallar sañudas persecuciones, cuando se nos lanzó a la absurda guerra con los Estados Unidos, sin que nos acompañara en esa actitud nada más que el grupo federalista de Pi y Margall. ¡Cuánta semejanza con el vocinglerío de entonces contra nosotros y ésta que ahora nos sirve de estruendoso cortejo! Los vocingleros de 1898 y 1933 son de calaña semejante, los insultos contra nosotros —antipatriotas, traidores, causantes de la ruina de España— los mismos; idéntica campaña de prensa, a base de zafiedades e impudicias. Así como ahora el sentido patriótico consiste en atreverse ante cualquier mejora obrera vinculando la causa de España con el interés egoísta de la burguesía, entonces el patriotismo consistía en acusar de filibusteros a quienes exigíamos que fuesen también los hijos de los ricos, que mediante un puñado de pesetas, podían reducir la brava expresión de su ardor españolista a recorrer las calles ciudadanas coreando la marcha de Cádiz, mientras los hijos de los obreros ¡ellos solos! perecían en las maniguales bajo la acción mortífera de las balas, el hambre y la fiebre. \\ La Guerra de Marruecos tuvo en los socialistas sus más obstinados enemigos. \\ Contra las malas artes electorales del soborno, de la coacción y del caciquismo hubimos de pelear en todo instante, y en esa lucha por la ciudadanía, ni siquiera regateamos la sangre, frecuentemente vertida, aun sabiendo que ningún resultado triunfal habría de ser el premio inmediato a esfuerzos tan heroicos. Y aunque ciertos sectores del republicanismo histórico nos motejan de auxiliares de la monarquía, jamás hubo entre nosotros vacilación para, dando al olvido agravios e injurias, colaborar con ellos estrechamente si esta colaboración era exigida por la justicia y por la democracia juntos ocupamos la tribuna pública para protestar contra los bárbaros martirios de Montjuich, para dejar extramuros la ley de Maura de represión del terrorismo, para sublevar la conciencia española contra el mismo fusilamiento de Francisco Ferrer. \\ Los socialistas que un año tras otro habían acudido a las urnas no lograron penetrar en el Parlamento hasta 1910. \\ Ni la labor de educación política, ni la organización societaria reblandecieron la médula revolucionaria del PSOE y la UGT. En 1917 se nos requirió para una acción revolucionaria contra la monarquía. Sin titubeos ofrecimos apoyo. La ausencia, la debilidad, la cobardía y hasta la traición de buena parte de los requirentes hizo más destacable nuestro lealísimo y abnegado comportamiento durante aquellas históricas jornadas de la huelga de agosto en las que apenas si alguien más que las organizaciones proletarias cumplieron con su deber. \\ El mismo aire resuelto tuvo esta adhesión al movimiento revolucionario de 1930 ajustado a una sola condición previa: la de que por lo menos en torno a ese afán se unieran todas las Agrupaciones Republicanas. Sellada esa unión el 17 de agosto en San Sebastián, el PSOE y la UGT suscribieron el pacto revolucionario. \\ Nadie podrá negarnos la plena lealtad con que cumplimos, antes y después del advenir la República nuestro compromiso. \\ He ahí sintéticamente resumido la historia de la cooperación socialista en las luchas políticas de España. \\ En cuanto a las reformas sociales logradas en ventajas del proletariado, hemos dicho antes que todas son obra nuestra. La acción política y la sindical ejercidas por nosotros en prudente y discreto equilibrio, combatiendo sin tregua a quienes pretenden imbuir al apoliticismo al proletariado y huyendo de extremismos inconscientes y alocados, ha tenido por fruto una legislación social que ha mejorado considerablemente las condiciones de vida del obrero. Muchas aspiraciones que figuraban como lemas en las viejas banderas societarias y que ciertas gentes tomaban como quimeras –por ejemplo la jornada de ocho horas–, son realidades, incluso desbordadas por ventajas mayores Al iniciarlo fue también la befa el arma que se esgrimía contra nosotros. \\ El burgués español ha creído siempre que cualquier merma en sus ganancias particulares equivalía a la ruina de la economía nacional y cualquier quebranto de su despotismo, poco menos que a la destrucción del mundo, y antes, como ahora, estos alaridos de la ignorancia y del egoísmo encontraron el gran portavoz de la prensa capitalista. \\ Oportunamente en la Cámara Presidencial y ante la opinión pública mostramos nuestra disconformidad con la disolución de las Cortes Constituyentes, cuya vida pudo y debió dilatarse porque seguían siendo aptas para sus funciones legislativas y porque convenía impregnar del mismo espíritu que las Cortes a la Constitución y las leyes fundamentales que aún faltaban por completar la estructura jurídica de la República. Hubiéramos de apuntar también el gravísimo inconveniente de convocar a elecciones legislativas en el momento menos propicio, cuando los partidos republicanos sufrían los efectos de muy aguda crisis, que forzosamente se agravaría por los fenómenos inherentes a toda contienda electoral, y las derechas desafectas al régimen contaban, de consiguiente, con el máximo de circunstancias favorables. Nuestro consejo fue desoído y las Cortes disueltas. \\ La gravedad que ofrecía para resolver la crisis la inobservancia del art. 75 de la Constitución en la parte que los ministros habrán de ser separados necesariamente en el caso de que las Cortes les negasen de modo explícito su confianza, robusteció la firmeza de nuestro propósito de permanecer alejados de cualquier gobierno; propósito anunciado el día en que los republicanos cancelaron sus compromisos con nosotros apartándonos del Poder y vimos entregado éste al Sr. Lerroux, sin duda en premio a la criminal obstrucción parlamentaria que realizó su minoría, en términos a que ni él ni ninguno de los suyos hubieron de apelar jamás en Parlamentos monárquicos. \\ Advertimos entonces de los propósitos de cambiar el rumbo de la República, de contener y de destruir sus avances. Pronto los hechos han venido a confirmar el fundamento de tales sospechas. Los más repugnantes contubernios electorales se han establecido entre el partido sedicente republicano que predomina hoy en el gobierno y los más insolentes y desenfadados enemigos del régimen. El lerrouxismo, con desvergonzadísimas alianzas electorales con monárquicos y reaccionarios de toda laya, aspira a encontrar dentro de las futuras Cortes, su base de sustentación en los enemigos de la República. Y ésta se encuentra en trance de ser mortalmente herida por el deshonor, peligro evidenciado en la mixtura de esas candidaturas de radicales y monárquicos que pueden denominarse candidaturas del 10 de agosto, porque en su fondo late el mismo espíritu alevoso que caracterizó la intentona de aquel día. \\ Republicanos que se asustan de la República o que nunca sintieron verdaderamente la fe republicana van del brazo de los enemigos jurados del pueblo. Y justifican su torpe conducta en el afán de combatirnos a nosotros. ¿Por qué? Acaso porque somos el más firme baluarte de la República. Sin renunciar a nuestro ideal socialista, que sólo cumple con la emancipación de la clase trabajadora, constituimos la más sólida garantía contra el retroceso político. ¡Atrás, ni un paso! Ése ha de ser nuestro lema. \\ Los republicanos sinceros encontrarán en nuestras candidaturas un elemento valiosamente defensivo del régimen, y los socialistas y todos los obreros organizados, un estandarte de sus revindicaciones. \\ Vamos a luchar con el santo ardor que inflama a los combatientes por el ideal, y estamos seguros de hallar en nuestras compañeras, al iniciarse en el ejercicio del derecho electoral que les alienta y entusiasma porque la mujer proletaria sabe, con instinto de madre, de hija y de esposa, cuál es el camino de la redención humana. \\ Fiamos en el triunfo. Si la República inaugura —de ello hay ya deplorables atisbos— un sistema de coacciones tan repulsivas como las que deshonraron, a la monarquía, no nos dolerá por quienes las cometan y por el régimen en cuyo daño han de ir. A nosotros no ha de arredrarnos. Nuestro espíritu de victoria nos hará saltar denodadamente sobre ellas. Vamos a escribir el día 19 una nueva página triunfal, una más en la historia gloriosa del Socialismo español. Y esa página no será epílogo, sino que, como las anteriores, servirá de prólogo a otras jornadas más decisivas para la victoria plena del proletariado, que sólo es posible con el adueñamiento total del Poder político por la clase obrera. \\ ¡Camaradas. A luchar y a vencer! \\ ¡Viva el Partido Socialista! ¡Viva la Unión General de Trabajadores!FUENTE: El Socialista, 11 de noviembre de 1933.