Manifiesto del Bloque Nacional, 8 diciembre 1934

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Manifiesto del Bloque Nacional, 8 diciembre 1934

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   ESPAÑOLES \\     Un grupo de conciudadanos, representando unos a diversos partidos, otros con su personal significación, os dirigen estas palabras, puesta la mente en España. \\     EL FRACASO DE UN SISTEMA POLÍTICO \\     La Revolución de Octubre ha sacudido nuestras fibras más sensibles con el ramalazo de su barbarie. No debemos resignarnos a considerarla como episodio fugaz, ya cancelado, ni a encuadrar su origen en responsabilidades solitarias. No. La Revolución no está vencida todavía porque ha sido el fruto natural de causas políticas que persisten y cuya extirpación necesaria es empeño inaccesible a los actuales gobernantes. \\     Esa Revolución significa el derrumbamiento de todo un sistema estatal. Las esencias políticas que nos legaron las Constituyentes —Poderes y Leyes— fracasaron todas como sus antecedentes doctrinales, con irreparable estrago. Varias elecciones políticas de signo adverso al imperante en aquellas Cortes han originado ya importantes eliminaciones de tipo orgánico y personal. Subsisten, sin embargo, funestas representaciones del espíritu Constituyente sin cuya desaparición será una quimera el saneamiento del país, sometido durante largo tiempo a mortal envenenamiento marxista y antiespañol. \\ HAY QUE REFORMAR EL ESTADO Y LA SOCIEDAD \\     Nos encontramos, por tanto, ante una doble crisis: la crisis de un Estado decrépito apenas nacido, y la crisis moral de una sociedad que ha contemplado con impasibilidad suicida la organización metódica de su propio aniquilamiento y el ataque traidor contra nuestra gran unidad histórica. Hay, pues, que reformar al Estado y la sociedad. Porque sin la infusión previa de un espíritu nacional, reformas, instituciones, normas atrevidas de un Estado futuro pueden convertirse en retórica a la moda, pero la experiencia nos enseña que ese espíritu no florece en igual medida con toda clase de instituciones políticas, pues las hay que con su sola presencia corrompen y dilapidan en discordia y confusión las virtudes sustantivas de un pueblo, y otras, en cambio, que elevan a grado heroico las energías colectivas necesarias para el cumplimiento de una misión histórica. \\ LO QUE NO CONSIGUE EL CLAMOR POPULAR \\     El Gobierno actual ha desaprovechado ya su hora; una hora de magnífico resurgimiento, una hora histórica y acaso decisiva en la lucha contra la Revolución violenta. Ha fallado el Gobierno, y con él los partidos republicanos, veteranos y bisoños, reos por igual de miopía e indecisión. Puesto que el clamor popular exige, y no consigue, justicia, que no es crueldad, pero tampoco impunismo; puesto que la paz aparece lejana por la rebeldía embravecida de muchos espíritus; puesto que las esencias sagradas de Unidad y Autoridad sufren todavía apretado cerco; puesto que en el Estado nacido en 1931 no quedan ya ni partidos que no estén fracasados, ni reservas que utilizar, ni fórmulas eficaces que ofrecer, ni resquicio para la esperanza, nos adelantamos ante el país, libres de responsabilidad en su trágica situación, con probado desinterés y firme voluntad, para hablarle netamente con lenguaje decidido, cordial y patriótico. \\ EN LO QUE COINCIDEN LOS FIRMANTES \\     Persuadidos de la trascendencia histórica de la Revolución del 6 de octubre momentáneamente frustradas, los firmantes de este escrito, sin abandonar la disciplina política de las organizaciones a que pertenecen, han acordado coincidir en una actuación pública delimitada por estos dos principios: La afirmación de España unida y en orden, según frase inmortal de don Fernando el Católico, y la negación del existente Estado constitucional. España, pues, ante todo y sobre todo. Una España auténtica, fiel a su historia y a su propia imagen: una e indivisible. De aquí la primera línea de nuestro programa de acción: defensa a vida o muerte y exaltación frenética de la unidad española que la Monarquía y el pueblo labraron juntos a lo largo de quince siglos. Y con ella la soberanía política del Estado que las especialidades forales \\     tradicionales han de vigorizar y fortalecer, lejos de menoscabarla. Y si queremos una España auténtica, debemos proclamarla católica mediante la concordia moral del Estado con la Iglesia, ya que, aparte de otras razones, el hecho católico fue factor decisivo y determinante en la formación de nuestra nacionalidad. \\     Creemos caducado el sistema político que, nacido con la Revolución francesa, sirve de soporte a las actuales instituciones, y como Cánovas predijera, nos arrastra al comunismo. El futuro Estado ha de fundarse sobre el deber tanto como sobre el derecho. Los derechos naturales inherentes a la personalidad humana, han de ser reconocidos y garantizados por el Estado, de conformidad con su distinto rango, sin que en ninguno de ellos quepa el absolutismo. Su mejor garantía será la organización de un Estado fuerte capaz de frenar el abuso con que pretendan ejercerlos o monopolizarlos núcleos o masas indisciplinadas. Así, nuestra ambición de erigir un Estado de eficaz autoridad, rima magistralmente con el respeto debido a las prerrogativas del ciudadano. Porque ningún peligro mayor para ellas, que el anejo a ciertas desmesuradas actuaciones de clase. Por eso, los Gobiernos fuertes son en definitiva el único sostén de la civilización en que vivimos y de los derechos que nos otorga. \\ RESTAURACIÓN DE TODOS LOS VALORES RELIGIOSOS, PATRIÓTICOS Y SOCIALES \\     Coincidimos en rechazar el Parlamento fundado en el sufragio universal inorgánico. Estos Parlamentos, especialmente en momentos convulsivos, se desgastan vertiginosamente hasta concluir en fraude. Las Constituyentes, aún las actuales Cortes, demuestran que el fenómeno es fatal. Se impone, por ello, una suspensión del Parlamento cuyo término sea la convocatoria de unas Cortes orgánicas. \\     Evidentemente, hoy por hoy, el sentimiento nacional genuino está secuestrado por una Constitución antiespañola en espíritu y letra, y la reforma de la Constitución por los trámites en ella previstos, que el sectarismo deliberadamente amañó, es una sarcástica utopía. Apremia abrir un cauce a la expresión del sentimiento nacional aherrojado, para salir de este punto muerto; y nosotros, aun a sabiendas de que la Constitución, traicionando un supuesto espíritu democrático, lo prohibe, decimos que el régimen actual no tiene más que uno: el referéndum, que no puede rehusar una democracia. Le emplazamos por tanto para que compruebe la auténtica opinión nacional preguntando directamente al país: \\ ¿Acepta o rechaza España el laicismo? \\ ¿Quiere o no España la supresión de la lucha de clases? \\     ¿Quiere o no España la restauración de la gloriosa bandera bicolor como enseña patria? \\ ¿Quiere o no España la supervivencia del actual Estatuto de Cataluña? \\     La respuesta que los españoles, pronunciándose sobre ideas y no sobre personas, diesen, en auténtica forma la sinceridad ciudadana, a estas preguntas, mostraría seguramente la razón que nos asiste. Y abriría una ruta clara para que el Gobierno patriota y fuerte que España necesita, marchando con paso firme y marcial, lograse en plazo brevísimo el completo desarme moral y material del país y emprendiese sin más dilaciones la ya inapelable reconstrucción económica nacional, que ha de tener en la Agricultura su más profunda raíz. Unas semanas de actuación implacable dentro del Derecho devolverían el sosiego a España, el prestigio a la toga, y la fuerza de intimidación al Estado, que nosotros queremos robusto en sus organismos milita res. El ejército, escuela de ciudadanía, depurado por sus Tribunales de Honor, difundirá la disciplina y las virtudes cívicas, forjando en sus cuarteles una juventud henchida de espíritu patriótico e inaccesible a toda ponzoña marxista y separatista. EL \\     EJÉRCITO NO ES EL BRAZO SINO LA COLUMNA VERTEBRAL DE LA PATRIA.FUENTE: En M.ª C. GARCÍA NIETO y J. M. DONEZAR: «La 2.ª República», Bases documentales de la España Contemporánea. Madrid, Guadiana, 1974, pp. 168-173.