En 1988 se permitió por primera vez el ingreso de mujeres en las Fuerzas Armadas españolas. España disfrutaba entonces de un modelo mixto de ejército, compuesto en su mayoría por personal conscripto, es decir, mozos reclutados de forma obligatoria, aunque también por soldados profesionales que ingresaban de forma voluntaria. La integración de las mujeres en la institución armada, parece haberse desarrollado, salvo problemas puntuales, de forma plenamente satisfactoria. De hecho, en la actualidad (2008) son mujeres más del 12% de los miembros de las Fuerzas Armadas, ya completamente profesionales, de España, situando al país como uno de los de mayor proporción de mujeres en sus ejércitos. Otra cosa es la proporción de las mismas en los altos mandos.