Los astilleros de Cádiz y Puerto Real, en crisis desde 1976, vivieron su peor momento entre los años 1985 y 1987. Se conoció a esta época como la “reconversión salvaje”, dados los ajustes exigidos por la entonces Comunidad Económica Europea con la intención de repartir la actividad naval comunitaria. En este período fueron despedidos sólo en los astilleros de Cádiz 710 trabajadores.