Repulsa de la vieja política. Discurso de Primo de Rivera, 25 enero 1925

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Repulsa de la vieja política. Discurso de Primo de Rivera, 25 enero 1925

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Y ahora quiero tratar de lo que antes se llamaba «la política». Yo no tengo para los hombres que en ella formaban un concepto personal adverso. Me honraba con muchas amistades entre ellos, y reconozco en muchos talento y buena fe. Me honré con su amistad, que no sé si me habrán retirado, hasta que me consagré por entero a la gobernación del país, haciendo abstracción en absoluto de cuanto constituyó mi vida pasada. No tiene mérito, en realidad, este sacrificio. Mi mayor recompensa está en el cariño que recojo en toda la nación, y aseguro que mis compañeros de Directorio, tan callados y silenciosos, realizando un esfuerzo extraordinario, sin que trascienda al público, también comienzan a experimentar esta íntima satisfacción de que yo disfruto.
No condeno a las personas que figuraban en el antiguo régimen. Tuvieron nobles afanes; me consta que muchos trabajaron con el ideal puesto en los altos sentimientos patrióticos; pero también sé que hubo entre ellos muchos que hicieron compatibles sus profesiones con el gobierno del país y que las hicieron compatibles en donde era más necesaria la imparcialidad y la justicia.
Aquellas frases «este magistrado es de don Fulano y éste es de don Mengano» han pasado ya para no volver.
Y del parlamentarismo ¿qué hemos de decir? ¿Qué era ese parlamentarismo, en el que, después de unas elecciones con votos comprados, venían a las Cámaras infinitos grupos que se conglomeraban para gobernar y que vivían de la condescendencia de las oposiciones audaces? ¿Qué era ese Parlamento, donde esas oposiciones mandaban y donde se daba el caso de que hombres absolutamente incompatibles con ellas tuvieran un acta por el artículo 29? El 13 de septiembre pudimos contemplar el último resplandor del Parlamento, que Dios sabe cuándo volverá a alumbrarnos. Yo digo que solamente lo habrá cuando el pueblo lo pida y lo añore de verdad. Señalo el caso típico de ese parlamentarismo. Cuando se discutió la ley de tenencia de armas, su articulado se fue cercenando y modificando por momentos, hasta llegar casi a desarmar al Somatén. Es decir, que se consideraba pecaminoso que unos hombres dispuestos a servir a su Patria estuvieran armados, y, en cambio, se consideraba legítimo que quienes se hallaban fuera de la ley llevaran la pistola en el bolsillo del pantalón.
Esos hombres políticos, los encasillados, los indiferentes que les servían, aquellos que tienen comprometido hoy su bienestar —no lo tendrían si hubiera sido legítimo— dicen que este Gobierno nació de una indisciplina, cuando desde el año 17 hasta el 21 existieron las Juntas de Defensa, hoy totalmente desaparecidas, y las consultaban incluso para confeccionar las leyes.
No hay indisciplina en salvar a la Patria, y yo afirmo que vengo de mandar 125.000 hombres en Marruecos, y la mayor satisfacción de mi vida es la de saber que me respetan y que, además, me quieren. (Ovación.)
La mayor saña de esos hombres se dirige a los que comprometieron una posición política y vinieron a colaborar con nosotros. Se les decía que el Directorio no duraría arriba de dos meses, y que cuando cayera serían perseguidos y aniquilados. Esos hombres pensaron solamente en el bien de la Patria, y su colaboración ha sido utilísima y agradecida por nosotros.
Merced a esos hombres que nos ayudan hemos dictado el Estatuto municipal, y en breve daremos el Estatuto provincial para que las Diputaciones tengan vida independiente y próspera.
Que nadie vea en mis palabras un llamamiento a los hombres del antiguo régimen. Mucho tiempo tuvieron abiertas las puertas y no quisieron pasar por ellas. La contumacia en la abstención les ha quitado todo el derecho a acompañarnos en los momentos del triunfo. Siempre dije que las personalidades aisladas, sí; los organismos viejos y gastados, no.
No hay agravio en que no me ocupe ni me preocupe de la política vieja. Bastante preocupación tengo en la política nueva, que es hoy la de toda España.FUENTE: ABC, 25 de enero de 1925.