Manifiesto de la Unión Patriótica, 5 septiembre 1926

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Manifiesto de la Unión Patriótica, 5 septiembre 1926

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   El Comité ejecutivo central de la Unión Patriótica dirige al país el siguiente manifiesto: \\     Españoles: Nuestro presidente, el excelentísimo señor marqués de Estella, acaba de dar un manifiesto a la nación, en el que, a los tres años de haber solicitado, por espontáneo arranque de su patriotismo, la gobernación de España, pide a ésta, para dar nuevas amplitudes a su gestión, el sincero y ferviente voto de confianza a que su trabajo incansable y feliz de estos tres años le da indiscutible derecho. \\     Este voto de confianza ha de otorgarse en forma de plebiscito, mediante las firmas que todos los españoles y españolas mayores de dieciocho años, conformes con las orientaciones del actual régimen, deberán estampar en los pliegos destinados al efecto durante los días 11, 12 y 13 del presente mes. \\     Estas firmas han de significar, pues, dos cosas: significarán, de una parte, la aprobación y la gratitud por toda la obra realizada. \\     En este punto nosotros, los miembros de la Unión Patriótica, que hemos seguido al caudillo desde sus primeros pasos, pedimos a todos los españoles, desde lo más íntimo de nuestro corazón, que, olvidando toda rencilla o pasión pequeña, pongan la vista en alto y digan, con la lealtad que por el solo hecho de ser españoles de todos esperamos, si no merece en verdad esa gratitud y esa aprobación el hombre que, en tres años de gobierno, ha logrado —y citamos lo más esencial sin descender a un balance detallista— la desaparición de la plaga del terrorismo, la paz de los campos africanos y, como consecuencia de todo ello, la tonificación de nuestro prestigio en el extranjero, como desde hace siglos no la gozaba España. \\     Considerad todo esto lealmente, y considerad que todo ello lo logró el marqués de Estella, por un generoso y espontáneo impulso de salvar a nuestra España que se hundía, imponiéndose para ello un largo calvario de trabajos, inquietudes y responsabilidades, en el que nadie, que no fuera un villano, se atrevería a señalar la más ligera intervención de otro móvil que no sea el desinteresado y ferviente amor de nuestra Patria. \\     Quien eso ha hecho en bien de todos, quien ha desgastado generosamente, por nosotros, sus energías físicas y mentales, lo mismo en el campo de batalla que en la mesa del despacho, tendrá siempre el premio íntimo de su conciencia satisfecha y tranquila; pero debe tener también por estricta justicia, el premio público de nuestra gratitud y nuestro aplauso. Y lo tendrá, porque en las mentes españolas podrá caber la divergencia honrada de criterios, pero no cabe en los corazones españoles la mancha del olvido y de la ingratitud. \\     Pero, por otra parte, las firmas del plebiscito han de significar un voto de confianza, una margen de crédito abierto al Gobierno para que dé éste a la gobernación del país nuevas amplitudes. \\     El marqués de Estella, que cuando creyó necesaria la intervención quirúrgica para salvar a España enferma asumió el Poder con mano fuerte, ha ido dando entrada, cada vez con mayor amplitud, a la asistencia y a la intervención ciudadana en una gradación sabia y prudente inspirada siempre en el amor al enfermo que curaba. Del glorioso Directorio militar pasó al actual Gobierno de hombres civiles, no olvidando nunca, en una y otra etapa, la consulta a los órganos de que la nación dispone y la atención a la opinión pública, en la que el régimen de tutela no hizo otra cosa sino limpiar lo que era crítica sincera y eficaz, que, al cabo, es una forma de colaboración, de lo que sólo era entorpecimiento populachero y malintencionado. \\     Ahora, dando un paso más, el Gobierno se propone dar a la opinión nacional un órgano constante, mediante la reunión de una gran Asamblea Nacional que lleve a su seno el reflejo sereno y ponderado de todos los sectores de la vida española. Las firmas del plebiscito significan, pues, un voto de confianza para la organización de esta Asamblea. \\     Creemos que el Gobierno tiene dadas sobradas muestras de lealtad y rectitud en su proceder para que nadie dude que trata de crear un órgano de eficaz y sincera representación pública, reflejo verdadero de la diversidad de la vida nacional, del que no ha de estar ausente la controversia leal y honrada, siempre que sus floretes estén salvaguardados por el botón de la serenidad y de la compostura. No se trata, pues, de representar un monólogo, que, a fuerza de ser fácil, sería ineficaz. \\     Todos, pues, los que en sus charlas de café o de casino censuran tal medida o discrepan de tal proyecto de Gobierno; todos los que temen una posible arbitrariedad dictatorial del Poder, aunque nunca llega; todos los que se acobardan ante un presumido porvenir de improvisadas reformas tributarias o sociales, sepan que, en adelante, toda reforma esencial ha de tener el contraste y el aval de la opinión pública, y sepan, por lo tanto, que, mejor que recelar infundadamente, deben facilitar, firmando el plebiscito, el camino para la implantación de este órgano nacional, que amplia y democráticamente ofrece el Gobierno, en el que tendrán legales mandatarios para dar publicidad a todos sus legítimos anhelos y aspiraciones. \\     Esto significa el plebiscito: gratitud para ayer y confianza para mañana; gratitud y confianza que, por lealtad y por espíritu de conservación, nadie debe regatear. \\     Ha llegado, pues, el momento de olvidar las pequeñeces que separan e invocar los grandes sentimientos que unen. \\     España, caldeada y ablandada por tres años de gobierno fuerte, está apta para recibir la imprimación de una forma política que consolide definitivamente su renovada grandeza. Las viejas raíces de nuestra tradición gloriosa otra vez están en sazón de florecer... ¡Démosle todos el calor de nuestro apoyo y nuestra confianza! \\     Españoles de buena voluntad: las listas del plebiscito os esperan abiertas ante vosotros, como interrogaciones de nuestro porvenir; vosotras, madres, que visteis desaparecer la negra pesadilla africana que os robaba la sangre de los hijos; vosotros, obreros, que habéis presenciado la diligencia y espíritu amplio con que han sido acogidas vuestras demandas; vosotros, patronos, que no podéis olvidar los días cercanos en que el odio había hecho de las calles un campo de batalla; vosotros, todos, en fin, españoles que veis a vuestra Patria fortalecida y depurada, venid a estampar vuestras \\ firmas y que el plebiscito nacional sea así, al mismo tiempo, un clamor que afirme nuestra confianza y nuestra gratitud para el hombre que se propuso salvar a España, y una oración que pida a Dios la consolidación gloriosa y definitiva de su obra.Madrid, 6 de septiembre de 1926. El Comité ejecutivo central de la Unión Patriótica.FUENTE: ABC, 5 de septiembre de 1926.