Dirección y Guión: Edgar Neville.
Fotografía: José F. Aguayo.
Música: Manuel Parada.
Productora: Carabela Films S.A.
Roberto Camardiel, Pedro Porcel, Jorge Rigaud, Rafael Alonso, Conchita Montes, Susana Campos, Ana María Custodio, Antonio Casal, Adolfo Marsillach, Katia Loritz, Lina Canalejas, María del Puy, Mariano Azaña, Carlos Casaravilla, Gracita Morales.
Es la historia de una calle del Madrid isabelino. En ella hay casas burguesas, un viejo palacio aristocrático con portada barroca, una carnicería, una lechería, un fabricante de acordeones y otro de paraguas y abanicos, y un café cantante. En las casas viven una marquesa con su marido y un niño nieto de ellos; un tipo raro que vive en la buhardilla con una hija muy guapa; un usurero con su familia; una peinadora que va llevando y trayendo chismes por todo el barrio; una señorita que quiere ser triple del Real y que vive con su padre, viejo militar retirado. En fin, toda una fauna diferente, pero unida por la vecindad común. La historia comienza en 1906 y termina casi en nuestros días. La calle ha cambiado de pavimento varias veces y se ha hundido en el mismo sitio. La señorita cursi ha terminado por casarse con el carnicero que estaba enamorado de ella y a quien ella despreciaba a principios de siglo, cuando creía que iba a ser tiple del Real. El lechero ha hecho fortuna a pesar de las restricciones de agua en los últimos tiempos. La vieja marquesa ha resistido los avatares del tiempo mejor que su marido y su nieto, asesinados en 1936. Su criada Petra, que loca de amor por un organillero que se había tirado al patio, ha quedado impedida de las dos piernas y ha sido recogida por el viejo acordeonista, que tuvo la desgracia de tener un hijo que salió malo y fue quien denunció al nieto de la marquesa. Ha habido de todo: dramas y alegrías, pero la vida sigue a través de las épocas. Unos mueren antes de hacer lo que querían hacer y otros viven lo bastante para demostrar que a veces lo que querían hacer no tiene interés.
La última película de Neville es una acabada muestra del enorme talento de este director. Por un lado, reconstruye la imaginaria calle en la que le habría gustado vivir (el dedorado reproduce varia scasas de la calle de San Pedro, donde había nacido el fotógrafo José F. Aguayo), poblada por un amplio y variopinto abanico de entrañables personajes castizos y, por otro, la emplea como marco para ilustrar la evolución de la historia de España desde los inicios de la monarquía de Alfonso XIII, pasando por la proclamación de la Segunda República y la guerra civil, hasta mediados de los años 50.