Dirección, Argumento y Guión: Florián Rey.
Fotografía: Alberto Arroyo.
Música: Javier Pérez Azpeitia.
Producción: Pedro Larrañaga, Florián Rey.
Producción: Pedro Larrañaga, Florián Rey.
Productora: Florián Rey-Pedro Larrañaga.
Carmen Viance (Acacia), Pedro Larrañaga (Juan Castilla), Pedro Pastor (el abuelo), Amelia Muñoz (Magdalena), Pilar Torres (Fuensantica), Antonio Mata (gañán), Ramón Meca (tío Lucas), Modesto Rivas (administrador), José Baviera, Ricardo Núñez, Víctor Pastor.
En una mísera aldea castellana malviven el labrador Juan Castilla, su esposa Acacia, el hijo del matrimonio y el abuelo Martín, invidente. Un enfrentamiento entre Juan y el Tío Lucas, el cacique y usurero local, provoca que el labrador sea encarcelado. Magdalena convence a Acacia para que abandone una aldea empobrecida sobre la parece pesar una maldición, pero en la ciudad ambas mujeres terminan ejerciendo la prostitución. Tres años después, tras salir de la cárcel, Juan encuentra en Segovia a su esposa con otro hombre en el reservado de una taberna y la obliga a volver al hogar y mantener las apariencias hasta que fallezca el enfermo abuelo Martín. Tras la muerte de Martín, Acacia se marcha y, medio enloquecida, vuelve a la aldea maldita
Aclamada como la mejor película del cine mudo español, La aldea maldita es un drama rural ambientado en la década de 1920 (en una época similar al momento del rodaje) que entremezcla una historia de tono folletinesco sobre el honor mancillado y la expiación de una culpa, marcadamente arcaica, con el tema del enfrentamiento del hombre con la tierra desde un punto de vista contemporáneo, donde se explicitan el hambre y la miseria del campo español, el caciquismo y el drama de la emigración. En conjunto constituye un excelente retrato de la desolación de las tierras castellanas, lo que era presamente el objetivo del director, al que se le ocurrió el argumento durante el rodaje de los exteriores de Los chicos de la escuela (1925) en Pedraza de la Sierra, localidad segoviana que había alcanzado un gran desarrollo durante los siglos XVI y XVII gracias a la ganadería (la cría de oveja merina y la producción de lana), y cuya población había pasado de 15.000 a 500 habitantes, en un proceso de despoblación que se había acelerado a comienzos del siglo XX a causa de la sequía y las heladas. Desde el punto de vista cinematográfico, alterna secuencias rodadas desde una perspectiva casi documental con momentos dramáticos de una gran carga poética, todo ello en el marco de una fotografía tenebrista, de gran fuerza expresiva, inspirada en la tradición pictórica española, en la que se aprecia la influencia del cine soviético. Al coincidir con la llegada del sonoro, se rodaron de nuevo algunas escenas habladas y se sonorizó en los Estudios Tobis franceses (en Francia se estrenó en formato sonoro bajo el título de La village maudit y obtuvo un gran éxito), pero esta versión se considera desaparecida. La Filmoteca Española realizó una magnífica restauración de la versión original muda, con acompañamiento al piano de Javier Pérez Azpeitia, posteriormente editada en Dvd por Divisa.