Crisis de 1917: Las Juntas de Clase de Tropa

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Crisis de 1917: Las Juntas de Clase de Tropa

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Junta de Plaza de Valencia CIRCULAR N.º 4
Señores Suboficiales, Brigadas y Sargentos de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Intendencia, Sanidad, Guardia Civil y Carabineros.
Queridos compañeros:
En diversas ocasiones nos vemos obligados a retardar noticias con el fin de cerciorarnos de los hechos y no malgastar sellos cuando no es necesario proceder con gran urgencia; pero las impaciencias de unos y los egoísmos de otros, vienen a entorpecer nuestro plan que suponíamos quedaría formalizado para la noche del Niño, y si no se cumplen nuestras profecías, tendremos que agradecerlo a nuestros compañeros de la Corte, y a su más funesta que laudable obra.
Nosotros tenemos un plan trazado desde el primer día, que no hemos creído conveniente darle publicidad de una sola vez, por tres razones a cuál más poderosa.
1.ª Por si algún documento cae en poder de un traidor, en la clase, o de quien no deba intervenir en la Unión, conozca los menos detalles posible.
2.ª Para convencernos antes de sí o no era posible nuestra Unión, que todos creían de exorbitante dificultad.
3.ª Para hacernos comprender bien tratando por partes nuestra obra.
Nosotros sabíamos que nos saldrían al encuentro y tratarían de hacernos desistir de nuestro empeño, a buenas o a malas, elementos poderosos que podían en un momento dado amargar nuestra existencia, si adivinaban nuestros propósitos antes de ser fuertes, y de ahí nuestro sistema algo ambiguo que nos permitiera desorientar a quien tratara de perseguirnos.
Como primer peldaño de la escalera que nos ha de permitir llegar a la cumbre más elevada que pudiéramos imaginarnos, basándonos en razonamientos sensatos y de demostración explícita, escribimos las bases que ya conocen, y que no dan más que una idea del plan que por ésta les anunciamos y les daremos a conocer cuando creamos llegada la hora.
Estas bases tienen una importancia extraordinaria, pues a más de inducir a creer, a ciertos elementos, declinábamos nuestra voluntad, tal vez de hierro, pero que nos es muy propia, nos facilitaron la comunicación con nuestros compañeros de todo el Ejército, y nos indicaron ligeramente el sentir general que tan ansiosos deseábamos conocer, para seguir caminando o quedarnos en el descanso eterno.
Nos contestaron la mayoría de la clase adhiriéndose a nuestras bases y expresándonos sus ideales, lo que a más de nuestra gran satisfacción nos alentó a seguir el camino elegido para llegar al fin y decidimos poner en circulación el segundo llamamiento; mas como en la primera circular no decíamos se nos indicara domicilio particular, para no inspirar la menor sospecha, nos encontramos ante la posibilidad de que muchas circulares no llegaran a su destino, o cayeran en poder de quien no necesitábamos las conocieran, como así ha sucedido; pero no nos importa, pues sólo han podido saber que hay unión, ignorando las formalidades de ésta, que cada uno se las pinta a su manera.
Remitida la circular núm. 2, preparamos la núm. 3, y documentación que enviamos a medida que fuimos conociendo domicilios particulares, y nos ha dado el feliz resultado de formalizar la Unión general que no podemos decir unánime por la actitud de la guarnición de Madrid, aunque tenemos noticia de que no se trata de la voluntad de la Plaza, sino de doce que, tal vez creyendo hacer un bien, han contribuido poderosamente a retardar nuestra Unión.
Los compañeros de la Corte, dormían tranquilamente mientras nosotros seguíamos elaborando sin descanso, confiando que, en fecha no muy lejana, veríamos coronados por la gloria de la Unión, nuestros largos y entusiastas desvelos.
Despertados por nuestras circulares núms. 2 y 3, los compañeros de Madrid, pusieron el grito en el cielo imponiendo la condición de ser Central, a cambio de ingresar en la Unión, como si tratáramos de un negocio entre gitanos que siempre se cambió de borrico por las vueltas sin atender al valor real del que reciben, sembrando el desconcierto, sorprendiendo la opinión y gracias que no ha pasado de susto para convertirse en huida desenfrenada.
De todo esto hemos pagado buena parte, pues los compañeros de gran número de Plazas, nos han asediado a preguntas; carta tras carta, que sin beneficio alguno para la Unión nos han ocasionado un trabajo extraordinariamente pesado para dar abasto a tantísimas cartas interrogatorios; pero la osadía de los amigos Cortesanos no se reducía a hacer una propaganda escandalosa, para que se les nombre Central, como si llevara consigo la candidatura de Diputados a Cortes, sino que tenía que llevar adornos de todos los colores, permitiéndose el lujo a gran gala, de tomar nuestro nombre para ordenar, por su gran autoridad, dejaran sin efecto nuestra documentación, por tenerse que rehacer y amoldarse a lo que ellos pregonan, sin más orientación que copiar, en la parte que les ha convenido, de juntas ya fracasadas, y atribuirse un derecho a empuñar la batuta de directores, ignorando si es música de lo que se va a tratar.
Afortunadamente pasó la tormenta y renace la calma con mayor entusiasmo, sin tener que lamentar más perjuicio, que el retraso natural de quince o veinte días; y dando por resultado que hasta Plazas que se habían adherido a Madrid, por no haber recibido nuestra circular nº 2, nos han votado central, remitiéndonos nuestra documentación autorizada.
Nosotros no hemos tratado jamás de que se nos nombre Central, conformándonos con lo que acuerde la mayoría, y buena prueba de ello es la imparcialidad a que se ajustan nuestras circulares 2 y 3.
Contándonos entre los compañeros, leales y entusiastas como los que más, lanzamos la idea y la sometimos a votación libre y general, a los fines de, la que resultara Central, contara con la confianza de la mayoría, requisito indispensable para que tenga la debida autoridad y pueda actuar, sujetándose a las condiciones insertas en las actas de constitución, o a las que se determinen en el reglamento que se publicará en su día.
Lo que hubiéramos lamentado es, ver los intereses de todos en peligro, o próximos a caer en un abismo del que jamás volverían a salir, y estrellarse para siempre, los sacrificios que llevamos hechos, pues no les pasará por desapercibido, a nuestros queridos compañeros que:
Si esta vez fracasamos, jamás podremos desenvolvernos y quedaremos, no como estábamos, sino reducidos a verdaderos abacios y purgando el noble anhelo de intentar eximirnos del ridículo papel que desempeñaremos ante la Sociedad; y en esta convicción, de rodillas hubiéramos caminado, al sernos posible, dando una vuelta a nuestra querida Patria, para suplicar a nuestros hermanos de profesión, ahuyentaran de sí todo egoísmo y se agruparan uniéndonos todos en una sola voluntad, de acero si es preciso, que nos guíe paulatinamente a la cumbre que sólo podremos alcanzar entonando unísonamente el Himno redentor.
FUENTE: Servicio Histórico Militar. Colección Adicional, pp. 401-402.