Carta de Salmerón a Corominas sobre las fuerzas políticas en Cataluña, 15 de junio de 1906

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Carta de Salmerón a Corominas sobre las fuerzas políticas en Cataluña, 15 de junio de 1906

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Escribo a Vd. vivamente alarmado por la noticia que ha dado El Liberal, de ahí, de candidatura proyectada para las próximas elecciones generales por la Solidaridad Catalana, en la provincia de Barcelona.
Esa candidatura representaría una tremenda postergación del partido republicano, casi la anulación de la Unión Republicana, y una exaltación formidable de los catalanistas. Eso no es lo que corresponde al gran movimiento popular de Cataluña; y hay que corregirlo a todo trance, o que recabar la plena independencia electoral del partido republicano, denunciando las intolerables pretensiones de los catalanistas.
Prescindo de los nombres, entre los cuales no hay uno solo que no me parezca digno de ostentar la alta representación de Solidaridad Catalana; pero rebajar en la provincia el número de republicanos y doblar el de catalanistas, es una indignidad y una afrenta. Las masas populares nos abandonarán por ineptos, si es que no nos acusaban de traiciones tomando rumbos intransigentes y perturbadores, y la mesocracia nos despreciaría, porque dejaríamos de inspirarle temor o esperanza. Por debilidad o torpeza, desharíamos, en suma, la gran obra iniciada.
Debo recordar aquí que, previendo las dificultades que podrían oponerse a la dirección del movimiento redentor de todo un pueblo —que por tal lo presentí desde sus primeros anuncios— dije a Junoy y Cambó, cuando vinieron a invitarnos a las fiestas del homenaje, que la empresa fracasaría, y aún podría ser contraproducente, si no presidían dos condiciones con absoluto imperio: noble sinceridad en las recíprocas relaciones con los diferentes elementos que concurrían a la acción común; y justa proporción, en la distribución de candidaturas, con las respectivas fuerzas que concurrían a la Solidaridad Catalana, buscando a ese fin, para subsanar los defectos del régimen electoral, compensaciones equitativas entre todos los distritos de Cataluña. Sólo así puede prevenirse la dañina tentación de medrar unos a expensas de otros, y lograrse el trascendental empeño de afirmar en los comicios la real y positiva voluntad de Cataluña, que, bien dirigida, no tardará en transformar el régimen de España.
Insisto, por eso, en mi consejo de que se forme una Junta General, compuesta de las representaciones más autorizadas y prestigiosas de las cuatro provincias catalanas, encargada de dirigir la próxima campaña electoral. No importa que sea numerosa, con tal que sume todas las fuerzas que integran la Solidaridad Catalana y que no tengan con los partidos de turno imperantes conexiones que desvíen o adulteren la acción sana y vigorosa del movimiento redentor iniciado. Para la ejecución de los acuerdos podría nombrarse una Comisión... de modo que se hiciera fácil y expedita la función directiva, sin temor a extralimitaciones ni a egoísmos de parcialidad, cuanto menos a preferencias o prevenciones personales arbitrarias.
Parece obligado que formen parte de la Junta General de Solidaridad Catalana los actuales Diputados —y aun Senadores— de las cuatro provincias, con la sola exclusión, justificada por lo que antes dije, de los pertenecientes a los partidos turnantes de Gobierno. Con los representantes —tres, a lo sumo— por cada Junta o Comité provincial de los elementos que constituyen la Solidaridad, resultaría una Asamblea de tal autoridad, que Cataluña entera la obedecería con entusiasmo y devoción, sin que nadie, ni partido ni persona, pudiera pretender explotar la situación en su provecho. Acabaría definitivamente toda clase de caciques.
Para la distribución de candidaturas de Diputados y Senadores deberá partirse, como base inalterable, de la situación actualmente adquirida por cada uno de los elementos integrantes de la Solidaridad. Toda cuestión respecto a los puestos hoy ocupados sería atentatoria del noble espíritu de Solidaridad, y provocaría su disolución. Sobre eso no cabe ni pretensión de una parte ni concesión de otra.
FUENTE: En Apéndices de J. ROMERO MAURA: «La rosa de fuego», El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909. Barcelona, Grijalbo, 1975, pp. 614-615.