Antonio Maura defiende ante las Cortes la Ley Electoral

| Proyecto de innovación docente. Historia Contemporánea | Administración electrónica |

Antonio Maura defiende ante las Cortes la Ley Electoral

Descargar versión en PDF

Uno de los problemas suscitados por la aplicación de la ley es el de las Mesas. Otro el de los abusos a que ha dado lugar el artículo 29.
Para mí ha sido una sorpresa extraordinaria el que se pusiera en duda que el cargo en las Mesas era obligatorio. Habrá que añadir a la ley un nuevo texto que lo diga muy claro y en eso estoy seguro de que habrá unanimidad.
En cuanto al artículo 29 ¡ah! El artículo 29 había de tener más inconvenientes y no se podría pensar en demolerle, porque el artículo 29 es todo el sistema. ¿Sabéis por qué? Porque cuando no hay lucha, cuando acontece lo que nos refería el señor Moret, y es verdad, y todos conocemos ejemplos de eso, de pueblos donde no hay lucha, cuando se hacen esos conciertos, se hacen por delincuentes honrados falsedades inocentes, pero muy corruptoras, en el sistema actual (MUY BIEN, MUY BIEN); y una ley que conduce a las gentes a la falsedad electoral honradamente, con el aplauso de todo el mundo, me parece que es la celestina más perniciosa que puede haber en la república, porque eso es enseñar a las gentes y habituarlas al ejercicio de la falsedad, para cuando venga el caso en que a ello impulse el interés, emplearla para satisfacer ese interés. (APROBACIÓN.)
No; es imposible una lucha electoral cuando no hay contienda, y la votación no es más que una farsa cuando no están contrapuestos los bandos, los ejércitos o las candidaturas, y nunca puede suprimirse el artículo 29; podrá redactarse otro, podrá hacerse por otros sistemas, se podrá fusilar a los que hagan mal uso de eso, pero el principio tendrá que quedar, o no tendremos nunca sistema electoral, ni sinceridad electoral. Cuando no hay lucha no debe haber la farsa de la votación. La votación es para la lucha. Y a mí no me parece tan extraordinariamente difícil preservar de abusos o peligros el artículo 29.
¿Dónde aprenden los médicos el arte de curar sino a la cabecera de los enfermos? Ahora van a venir los cientos de recursos que haya en España sobre el artículo 29; ahí veremos las fullerías, las artimañas, las trapacerías que se les hayan ocurrido a los leguleyos de los pueblos, y de las ciudades, que de todo hay, para burlar el artículo 29, y con arreglo a la dolencia aplicaremos la medicina, aclarando la ley, aparte de que la primera medicina consiste en el escarmiento de la inutilidad de los abusos y esa no faltará.
Yo no sé qué tanto por ciento, en el margen que queda entre los votantes y los inscritos, corresponde a errores del censo y qué otra parte corresponde a verdaderas abstenciones; es difícil saber eso. Aun computando la totalidad, que no puede nunca ser contada, para la diferencia entre votantes e inscritos en el número de las abstenciones, el avance en la actividad de la ciudadanía resulta enorme, y, por lo tanto, aliento inmenso para los que deseamos para nuestra política otras costumbres y otro ambiente que el que hemos respirado tantos años.
Yo nunca he perdido la fe, pero nunca había esperado de una vez tan notable avance y tan gran jornada en sacar de su retraimiento a las gentes y en vencer su aversión a la función del voto. Me parece que no se puede aspirar a mutaciones instantáneas. En una inveteradísima costumbre, tan general como la que en España había, por parte de los que no tenían el natural impulso de la pasión política ejercitada en una constante lucha, en una organización calurosa, en un ejercicio incesante de la contradicción y de la pelea, no se podía aspirar a que en poco tiempo saliera de su abstención tanta gente, que había creído que eso de arreglar y de defender y de evitar que prevalezcan ciertas cosas era una especie de contrato que tenían los Gobiernos y las autoridades, y por eso luego no escrupulizaban en examinar los medios de que se habían valido para servirlos. Eso es tan antiguo y tan arraigado que necesitará una y otra campaña para que se llegue a lo que recomendaba el señor Moret diciéndonos cosas, sábelo bien S. S., que hemos dicho nosotros, y que procuramos practicar con todo celo y con toda verdad.
Yo entiendo que aquellos a quienes es más necesaria la advertencia, que son los más de la derecha y los que están más cómodamente asentados en su posición social, porque son los que más suelen tener por ajeno el trabajo de la pelea y de la defensa, se enterarán muy pronto, y la nueva ley local les acercará al oído el grito de su deber, porque les acercará también la punta de la lanza amenazadora, y se enterarán de que no hay más que una manera de defenderse, que es luchar, ni más que una manera de tener razón, que es no tener la culpa del mal de que uno se queja, y desde aquí se lo digo a todos. Se acabó para siempre esperar que nadie les defienda; se tienen que defender a sí mismos. Yo tengo la convicción de que en España las ideas fundamentales en que yo creo que deben asentarse la sociedad y el Estado, respetando todas las opiniones, tienen una inmensa base, una fuerza inmensa; y yo creo que no hace falta sino que, en efecto, sean verdad las leyes que hemos votado; sólo que para hacer verdad las leyes les toca mucho a los Gobiernos dar el ejemplo, respetarlas, acatarlas y hacerlas cumplir; pero no depende sólo del Gobierno, y no podrán en lo sucesivo los Gobiernos, con su conducta, remediar lo que no ponga de su parte el ciudadano.
Repito que en ese camino nos queda mucho que andar, tendremos que acabar nuestra vida los que ya no estamos en los comienzos de ella, haciendo esa predicación; pero yo me declaro muy satisfecho de la jornada que el pueblo español ha hecho y del avance que ha dado en la aplicación de la Ley Electoral...
Se habla del resultado de las elecciones. Yo niego que esta elección, por grande que sea el número de concejales de uno y otro color, signifique una lucha política, porque no lo era, y no puede significarlo el resultado. Otro orador dice que el señor Moret hubiera sacado diez mil liberales. Ese es otro asunto en que voy a hablar con igual sinceridad. ¿Qué duda tiene que la permanencia en el Poder de un partido, a medida que es rural el Cuerpo electoral cuyos votos se computan y califican, tiene más pesadumbre y significa más ventajas? Pues qué ¿voy a cometer yo la insensatez y la desvergüenza de poner eso en duda?...
El resultado electoral ha sido para nosotros excelente; pero en ese resultado nada tengo yo que esperar, nada que fiar, ni nada que me importe.
Lo que me importaba era que la ley se pudiese cumplir y la ley fue recibida por el pueblo español con muestras bien satisfactorias de que podemos y debemos confiar en el ejercicio de la ciudadanía y de que cada día y cada hora sea un progreso y un avance en ésta que, para mí, es la curación de muchos males; porque creo que, como he dicho antes y he sostenido toda mi vida, en evitar el falseamiento de la voluntad popular y la ausencia de los buenos, que es la subversión de los usurpadores, de los tergiversadores, de los empozoñadores de la vida municipal, está el remedio de ésta, como de otras muchas cosas que en España necesitan remedio. Y como para conseguirlo hacemos sacrificios y a eso dedicamos nuestra existencia, el ver que no trabajamos en balde es un gran aliento y una gran esperanza. (MUESTRAS DE APROBACIÓN EN LA MAYORíA.)
FUENTE: Diario de Sesiones de Cortes, Sesión de 1 de junio de 1909.