En Octubre de 1962 dio comienzo en Roma el Concilio del Vaticano II que traería una reforma profunda en la Iglesia Católica con importantes consecuencias para el régimen franquista. El cardenal Tarancón advirtió que el Concilio cogió tanto a los obispos españoles como al régimen franquista con el pie cambiado. Uno de los elementos de enfrentamiento entre el Régimen y el Vaticano fue el nombramiento de obispos que Franco se negaba a ceder a las autoridades eclesiásticas. Desde el Concilio la relación Iglesia-Estado en España se fue enfriando y cada vez crecían más los sectores de la Iglesia que se enfrentaban con la dictadura, un caso paradigmático de ello fue el cardenal Tarancón al que los sectores más franquistas acusaban de traición y le cantaban ¡Tarancón al paredón!.