Dirección y Guión: Basilio Martín Patino.
Fotografía: Luis Enrique Torán.
Música: Carmelo A. Bernaola, Gerardo Gombau.
Producción: Ramiro Bermúdez de Castro.
Productora: Eco Films S.A. / Transfisa
Emilio Gutiérrez Caba (Lorenzo), Mary Carrillo (Laura), Elsa Baeza (Mari Tere), Antonio Casas (Isidro), José älvarez “Lepe”, Nicolás D. Perchicot, Rosa Fúster, Fernando Sánchez Polack, Yelena Samarina, Iván Tubau, María Elena Flores. SINOPSIS. Lorenzo es un estudiante salmantino de los años 50 que acaba de pasar un verano en Inglaterra, donde ha descubierto otras formas de vida y otros horizontes, además de conocer a Berta, hija de un exiliado, por la que se siente atraído. A su regreso, el ambiente tradicional de su familia, la rutina de las relaciones con sus amigos y su novia le resultan agobiantes. Y esas inquietudes se plasman en las cartas dirigidas a esa Berta que quedó en el extranjero. Una escapada a Madrid, donde conoce también otros modos de vida, desencadena en él una crisis personal: algo no terminaba aún de acabarse, pero todo estaba ya a punto de cambiar.
Patino, director del Cineclub del SEU en Salamanca e impulsor de las “Conversaciones de Salamanca” de mayo de 1955, abogaba por un cine social, que superase las limitaciones del cine de cartón piedra oficialista y el cine folklórico comercial (no menos bien visto por el régimen y mucho más eficaz desde el punto de vista ideológico), y ofreciese un retrato más verídico de la sociedad española. “Nueve cartas a Berta” es el film-manifiesto del “”nuevo cine español” de los 60, un espléndido retrato las inquietudes de un joven universitario de clase media, símbolo de la generación posterior a la guerra, ahogado por la falta expectativas vitales de una España anclada en el pasado y maniatada intelectual y políticamente por el régimen que, según el propio director, “planteaba sinceramente los problemas de dos generaciones diferentes, padres e hijos que no se entendían, los que habían hecho la guerra y los que no”.
Nueve cartas a Berta representaba por primera vez las inquietudes de un joven español actual entre la familia, la escuela, la religión, los compañeros, el sexo, el profesorado, la sociedad, la política. Todo un análisis de causas y efectos, puntualizado con tal precisión que era en sí un documento. El filme anunciaba lo que poco después acontecería públicamente en España y en Europa sobre la crisis universitaria y los graves acontecimientos que de ella derivarían. De una belleza, elegancia y buen gusto que confirmaba la refinada preparación del realizador tanto en artes plásticas como en pensamiento (José Francisco Aranda. “Patino un cine profundo y sincero”, 1973). Basilio Martín Patino ha hendido de tal forma en esa carne de su generación universitaria, que no sólo ha logrado su propósito, sino que su obra quedará como una auténtica vivisección de su época y sus gentes. El filme de Basilio Martín Patino que tal vez esté divorciado de eso que aquí llaman espectáculo, supone, por el contrario, un ejercicio moderno, escrito con gran belleza, al que podemos considerar como el análisis de una vida –mejor, de muchas vidas-. La rabia del autor está metida aquí en muchas cosas, pero también el dolor y la tristeza. Y será difícil que alguien que haya vivido, aunque sea de lejos, los problemas de los universitarios “de provincia”, no quede conmovido ante este verdadero espectáculo que se nos ofrece repleto de aciertos cinematográficos (Ricardo Muñoz Suay. Fotogramas, 1966).