Dirección: Antonio Mercero, Julio Coll, Antonio Giménez Rico, Miguel Lluch, Miguel Picazo.
Guión: Antonio Mercero, Juan Alarcón Benito, Juan Farias.
Fotografía: Francisco Sánchez.
Producción: Ramón Crespo. Productora: Televisión Española (TVE).
Emilio Rodríguez (Don Antonio, el maestro), Fernando Cebrián (Don Pedro, El alcalde), Francisco Vidal (Don Marcelino, el cura), María Nevado (Marta, la boticaria), Jesús Guzmán (Braulio, el cartero), Antonio Costafreda (Goyo, el alguacil), Rafael Hernández (Dionisio, el camionero), Jacinto Martin (Joaquín), Emilio García (Juanito, el niño), Esther Dobarro (María, la niña), Xan Das Bolas (Camilo), M. Paz Molinero (Doña Rosa), María Elena Flores (María), Pepe Villasante (Gonzalo), Juan Antonio Lebrero (Martín)
Serie de televisión que narraba la vida cotidiana y los problemas de un pueblo de Castilla, Puebla Nueva del Rey Sancho (localidad ficticia, la serie se grabó en Santorcaz, cerca de Madrid).
A comienzos de los años 70, el almirante Carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno y mano derecha del dictador, encargó a Adolfo Suárez, Director General de TVE, la realización de una serie de ficción, que debería emitirse en hora punta, que sirviera para divulgar las Leyes Fundamentales del régimen (iniciativa que hay que relacionar con su conocida máxima “después de Franco, las instituciones”). La televisión oficial se puso inmediatamente manos a la obra y encargó el proyecto al realizador Antonio Mercero y los guionistas Juan Farias (novelista y redactor de RNE) y Juan Alarcón Benito (posteriormente nombrado Subjefe Provincial del Movimiento en ävila), que plantearon una trama que se ceñía escrupulosamente a los presupuestos ideológicos de la dictadura. Los protagonistas representaban a las “fuerzas vidas” del pueblo (y del país): el alcalde, el cura, el cabo de la Guardia Civil y el maestro (el poder político, la Iglesia, las fuerzas armadas y el aparato ideológico), mientras que, en un segundo plano, aparecían el alguacil, el cartero, la boticaria, el camionero y los niños de la escuela (el futuro del país, conveniente y sistemáticamente aleccionados por el maestro, que era el encargado de introducir los mensajes políticos). El resto de habitantes del pueblo eran meros figurante, una colectividad prácticamente anónima, reacia a los cambios tecnológicos y sociales, a la que las fuerzas vivas guiaban y aconsejaban.