Terminada la segunda Guerra Mundial el régimen franquista se sintió amenazado por las potencias vencedoras. Eran años de aislamiento y hambre, todo ello con un manto de propaganda despectiva hacia el exterior, la autarquía económica y por los acuerdos con Argentina que proporcionaron una ayuda vital en alimentos que sustentaron la pervivencia del régimen. El comienzo de la guerra fría suavizó la presión exterior aunque ello no significase la integración total de España en el ámbito internacional pues quedó excluida primero del Plan Marshall y después de ingresar en la ONU.