¡Bienvenido, Mister Marshall!. (España, 1952) [B/N, 95/76 m.]

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¡Bienvenido, Mister Marshall!. (España, 1952) [B/N, 95/76 m.]

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FICHA TECNICA

Dirección: Luis García Berlanga.

Argumento: Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga.

Guión: Juan Antonio Bardem, Miguel Mihura, Luis García Berlanga.

Fotografía: Manuel Berenguer.

Música: Jesús García Leoz, José Antonio Ochaíta, Juan Solano, Xandro Valerio.

Productora: Unión Industrial Cinematográfica (UNINCI).

FICHA ARTISTICA

José Isbert (Don Pablo, el alcalde), Lolita Sevilla (Carmen Vargas), Alberto Romea (Don Luis, el caballero), Manolo Morán (Manolo), Luis Pérez de León (Don Cosme, el cura), Elvira Quintillá (Señorita Eloísa, la maestra), Félix Fernández (Don Emiliano, el médico), Nicolás D. Perchicot (Boticario), Joaquín Roa (Pregonero), Fernando Aguirre (Secretario), Fernando Rey (voz en off).

SINOPSIS

Villar del Río es un pequeño pueblo tranquilo, pobre y olvidado, en el que nunca pasa nada que le saque de la rutina. Sólo la llegada de la cantante folclórica Carmen Vargas y de su apoderado y representante Manolo han dado una nota de novedad a la vida aburrida del pueblo. Esa misma mañana se presenta de pronto un delegado gubernativo, el cual anuncia que va a llegar de un momento a otro una comisión del Plan Marshall -autoridades americanas que facilitan ayuda económica al país-. El alcalde del pueblo, un hombre bonachón y un poco duro de oído, al recibir la noticia, decide disfrazar a toda la población al más puro estilo andaluz, para sorprender a sus visitantes y de esta forma recibir mayor cantidad de dinero.

COMENTARIO

Una de las grandes películas del cine español, escrita por su realizador junto a Juan Antonio Bardem (que finalmente se retiraría del proyecto) y Miguel Mihura, que plantea, en tono de sátira, las esperanzas que despierta entre los habitantes de un pueblecito castellano la visita de unos funcionarios norteamericanos, para mostrar ácidamente la miseria de la postguerra y los primeros momentos de la fiebre desarrollista. Este comedia reciamente hispánica (ni siquiera falta la folklórica de turno) supuso la salida del cine español de un largo ostracismo, y obtuvo un premio en el festival de Cannes así como la sonora repulsa de Edward G. Robinson que expresó estentóreamente su indignación al contemplar una bandera norteamericana sobre el barro mientras asistía a la proyección del film en el citado festival.