En la historia económica del siglo XIX los ferrocarriles ocupan un lugar preferente. Antonio Gómez Mendoza plantea en este sugerente ensayo una visión más positiva que la que había mostrado la historiografia tradicional. Es cierto que el ferrocarril en España no fue un factor de desarrollo de la industria siderúrgica, sino que benefició la industria de otros países, y también que el sistema legal de concesiones a las compañías dio lugar a una importante corrupción y, a veces, a trazados irracionales, pero finalmente el impacto del ferrocarril acabó siendo positivo como dinamizador del mercado y, lo que es más importante, como estructurador del propio mercado. Por todo ello resulta necesario un acercamiento a un tema tan importante a través del libro de Gómez Mendoza.