El infante don Carlos, esperanza de la extrema derecha

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El infante don Carlos, esperanza de la extrema derecha

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Catalanes: Tiempo es ya de romper mi silencio para vindicarme con vosotros de la calumnia que nos acusan todos los obispos del principado en sus respectivas pastorales, atribuyendo nuestros heroicos hecho a ser obra de sectarios jacobinos, borrón que estoy sintiendo sin que pueda dejar de manifestarlo; nada de eso; muerte a éstos es lo que hemos jurado. Algunos de estos mismos prelados saben bien que los que ahora llaman cabecillas desnaturalizados, nos hicieron saber palpablemente que el Rey se había hecho sectario, y que si no queríamos ver la Religión destruida, debía elevarse al trono al infante Don Carlos...
Después que se vio el espíritu del pueblo, prohibieron los primeros vivas para realizarlos cuando ya estaba formada la fuerza. Ya estamos hoy con ella; ¿y qué es lo que han hecho?, dejarnos en la estacada sin salir a nuestra ayuda los que estaban conformes, porque ven el peligro y no quieren exponerse a perder sus pingües prebendas y destinos.
Es, pues, llegado el caso, compatriotas míos, de que todos nos unamos contra nuestros enemigos; al Rey lo tienen oprimido y engañado, y los egoístas empiezan a vacilar porque temen; no hay que desmayar; los principales agentes continúan a favor nuestro, por ser mutua la causa que nos obliga a poner en actitud hostil.
Religión, trono sin mancha, valor y constancia sea nuestra divisa, y, despreciando a traidores y sectarios, formemos un muro impenetrable contra los malvados, así seremos felices y nos bendecirán nuestros hijos.
Llagostera, 22 de septiembre de 1827.—Narciso Abrés.
FUENTE: Ferrer, ob. cit., t. II, pág. 265.