El duque de Angulema anuncia la entrada de los Cien Mil hijos de San Luis

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El duque de Angulema anuncia la entrada de los Cien Mil hijos de San Luis

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ESPAÑOLES,
Al llamar el Rey de Francia a su Embajador de Madrid, esperaba que el Gobierno Español, advertido de su peligro, se reduciría a sentimientos más moderados, y atendería a los consejos de la benevolencia y de la razón. Se han pasado dos meses y medios, y S.M. ha aguardado infructuosamente que se estableciese en España, un orden de cosas compatible con la seguridad de los Estados vecinos.
El Gobierno francés ha tolerado por dos años enteros, con una paciencia sin ejemplo, las provocaciones menos merecidas. La facción revolucionaria que ha destruido en vuestro país la autoridad Real, que tiene cautivo a vuestro Rey, que pide su deposición, que amenaza su vida y la de su familia, ha llevado al otro lado de vuestras fronteras sus culpables esfuerzos. De todo ha echado mano para seducir el ejército de S.M. Cristianísima y para excitar conmociones en Francia, como consiguió, por el contagio de sus doctrinas y ejemplos, causar las revoluciones de Nápoles y del Piamonte. Burladas sus esperanzas, llamó a traidores condenados por nuestros tribunales, para consumar bajo la protección de la rebelión, las conspiraciones que habían formado contra su Patria.
Ya es tiempo de poner término a la anarquía que destroza la España, que impide la pacificación de sus Colonias, que la separa de la Europa, que ha roto todas sus relaciones con los augustos Soberanos que están unidos a S.M. Cristianísima con las mismas intenciones y los mismos deseos; finalmente, que compromete la tranquilidad y los intereses de la Francia.
¡Españoles! la Francia no está en guerra con vuestra Patria. Nacido de la misma sangre que vuestros Reyes, no puedo desear más que vuestra independencia, vuestra felicidad y vuestra gloria. Voy a pasar los Pirineos a la cabeza de cien mil Franceses, pero es para unirme a los Españoles amigos del orden y de las Leyes; para ayudarles a rescatar a su Rey cautivo; a restablecer al Altar y el Trono; a librar del destierro a los sacerdotes; del despojo a los propietarios; al pueblo todo del dominio de algunos ambiciosos que, proclamando libertad, no preparan sino la esclavitud y destrucción de España.
Todo, Españoles, se hará para vosotros y con vosotros; los Franceses no son ni quieren ser, sino vuestros auxiliadores. Vuestra bandera será la única que tremole sobre vuestras ciudades; las provincias que atraviesen nuestros soldados, se administrarán a nombre de Fernando por autoridades Españolas. Se observará la disciplina más severa, y se pagará con exactitud religiosa, todo lo que sea necesario al servicio del ejército. No pretendemos ni imponeros Leyes ni ocupar vuestro país; no deseamos sino vuestra restauración. Cuando la hayamos conseguido, nos volveremos a nuestra Patria, dichosos por haber preservado a un pueblo generoso de las desgracias que produce una revolución, y que la experiencia nos ha hecho conocer demasiado.
Luis Antonio
Por S.A.R. el Príncipe General en Jefe. El consejero de Estado, Comisario Civil de S.M. Cristianísima. De Martignanc. Cuartel General de Bayona, 2 de abril de 1823.
FUENTE: Marqués de MIRAFLORES: Documentos a los que se hace referencia en los apuntes histórico-críticos sobre la Revolución de España. Londres, en la oficina de Ricardo Taylor, 1834, tomo II, pp. 240-241.