El género de las cartas ficticias con fines de crítica social estuvo muy en boga en el siglo XVIII, siguiendo el modelo de las Lettres persanes de Montesquieu. Los corresponsales ideados por Cadalso son Gazel, moro venido a España en una embajada, Nuño Núñez, cristiano amigo del moro, y el anciano Ben-Beley, maestro y consejero. La sátira de Cadalso se dirige a todas las clases y grupos sociales, a los señoritos vagos e inútiles, a los nobles y su manía por la heráldica, a la crueldad del pueblo, a los dómines pedantes, a los curas supersticiosos. Su crítica es aguda y valiente, pero también suave y positiva, que aporta soluciones y consejos, porque Cadalso es un optimista ilustrado que cree en la virtud redentora de la racionalidad humana.
Hoy he asistido por mañana y tarde a una diversión propiamente nacional de los españoles; es lo que ellos llaman fiesta o corrida de toros. Ha sido este asunto de tanta especulación para mí, y tanto el tropel de ideas que me asaltaron a un tiempo, que no sé por cuál empezar a hacerte la relación de ellas. Nuño aumenta más mi confusión sobre este particular asegurándome que no hay autor extranjero que hable de este espectáculo que no llame bárbara a la nación que aun se complace en asistir a él. Cuando esté mi mente más en su equilibrio, sin la agitación que ahora ex¬perimento, te escribiré largamente sobre este asunto; sólo te diré que ya no me parecen extrañas las mortandades que sus historias dicen de abuelos nuestros en las batallas de Clavijo, Salado, Navas y otras, si las ejecutaron hombres ajenos de todo el lujo moderno, austeros en costumbres y que pagan dinero por ver derramar sangre, teniendo esto por diversión dignísima de los primeros nobles. Esta especie de barbaridad los hacía sin duda feroces, pues desde niños se divertían con lo que suele causar desmayos a hombres de mucho valor la primera vez que asisten a este espectáculo