Dirección: Rafael Gil.
Argumento: basado en “La Guerrilla” de Azorin.
Guión: Rafael J. Salvia y Bernard Revon.
Fotografía: José F. Aguayo.
Música: Manuel Parada.
Productora: Coral / Universal Production France.
Francisco Rabal (El Cabrero), Jacques Destoop (Coronel Etienne Santamour), Julia Saly “La Pocha” (Juana María), Rafael Alonso (Paco Salomón), Benoît Ferreux , José Nieto (Valentín), Lola Gaos, Eulalia del Pino, Charo López (Dora), José Orjas, José María Seoane, Edy Biagetti, Luis Induni, Jesús Tordesillas, Fernando Sánchez Polack.
En 1808, durante la guerra de independencia española contra los franceses, un pueblo situado entre Madrid y la Sierra vive la dominación y los horrores de la guerra por parte de los dos bandos enfrentados.
El film se realizó con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de “Azorín” (Monóvar, 1873 - Madrid, 1967), de ahí que, al comienzo, aparezca una dedicatoria de homenaje al autor junto al famoso retrato de Ignacio Zuloaga. Curiosamente, la novela no es, ni de lejos, representativa del peculiar estilo de Azorín (un reconocido cinéfilo que murió sin ver llevada al cine ninguna de sus obras), aunque probablemente si es la más propicia para su adaptación cinematográfica: un drama de cargado acento patriótico ambientado durante la guerra de independencia entreverado por la historia de amor entre un oficial francés y una campesina española. El resultado final es bastante decepcionante. Presentada como la primera película española en que los franceses dejan de ser los feroces ateos sedientos de sangre y mujeres que tradicionalmente ha presentado el cine nacional (quizá por ello fue un fracaso en taquilla), resulta abiertamente maniquea. En la primera secuencia, un sacerdote (luego reconvertido en guerrillero) imparte una lección de catequesis patriótica a un grupo de niños, en la que afirma que matar a los herejes franceses es “obra meritoria que el rey Fernando ordena y la Iglesia aconseja”; a continuación, las tropas napoleónicas irrumpen en la iglesia, la profanan salvajemente y asesinan a 42 de los trescientos habitantes de la aldea. El final no es menos contundente; los guerrileros ejecutan a todos los supervivientes de la guarnición francesa en presencia de unos oficiales ingleses.