Madrid dos de mayo 1808, seis de la tarde.
Sire: La tranquilidad pública ha sido turbada esta mañana. Desde hace varios días la gente del campo se reunía en la ciudad, circulaban panfletos excitando a la rebelión, la cabeza de los generales y oficiales franceses hospedados en la ciudad se ponía a precio, en fin, todo anunciaba la crisis. Esta mañana desde las ocho la canalla de Madrid y de los alrededores obstruía los accesos al castillo y llenaba los patios. Uno de mis ayudantes de campo que había enviado para cumplimentar a la reina de Etruria que iba a subir en el coche ha sido detenido a la puerta del castillo y hubiera sido asesinado por el populacho desenfrenado a no ser por diez o doce granaderos de la Guardia de V. M. que envié para liberarle. Momentos después un segundo ayuda de campo que yo enviaba con órdenes para el general Goruchy ha sido asaltado a pedradas resultando herido. Inmediatamente se ha dado el toque de llamada, la guardia de Vuestra Majestad ha tomado las armas y todos los campamentos puestos en movimiento han recibido la orden de marchar sobre Madrid para ocupar los puestos que les habían sido designados en caso de alarma. Mientras tanto, un batallón de la guardia alojado en mi palacio, protegido por dos cañones y un pelotón de cazadores polacos, ha marchado hacia el castillo atacando a la masa allí reunida y dispersándola a tiros de fusil. Por su lado, el general Grouchy reunía sus tropas en el Prado y recibía la orden de dirigirse por la calle de Alcalá a la Puerta del Sol y Plaza Mayor donde se habían reunido más de veinte mil rebeldes. Se asesinaba ya en las calles a los soldados aislados que intentaban incorporarse al puesto sin perdonar los que se ocupaban de las distribuciones. El general Lefranc que ocupa con su regimiento el convento de San Bernardino se dirigió con su brigada a la Puerta de Fuencarral, donde estaban situados tres cañones. El batallón de marinos se ha establecido en mi palacio como reserva. El coronel Frederic con sus dos batallones de fusileros ocupaba la plaza del Palacio y la entrada de las calles Almudena y Platerías. La compañía vasca se había desplazado a la plaza de Santo Domingo. La guardia a caballo de Vuestra Majestad estaba en orden de batalla ante los cuarteles del Prado Nuevo en la Puerta de San Vicente; los coraceros iban desde Carabanchel a la Puerta de Toledo. Se mandaron piquetes al hospital mientras otros iban al Arsenal. Después de tomadas estas disposiciones ordené al general Grouchy que se dirigiese a la Puerta del Sol y al coronel Grouchy que se marchase sobre el mismo lugar por la calle de la Platería y que disolviesen a cañonazos al populacho; esas dos columnas se pusieron en movimiento y consiguieron limpiar las calles, no sin dificultad porque esos miserables expulsados de las calles se refugiaban en las casas y disparaban contra nuestras tropas desde los cruces mientras que la mayoría se dirigía al Arsenal para apoderarse de los cañones y de los fusiles. Pero el general Lefranc que se encontraba en la Puerta de Fuencarral se dirigió allí con la bayoneta calada y ha conseguido apoderarse del Arsenal y recuperar los cañones de los que se habían apoderado los rebeldes. Después las columnas se han dirigido a la Puerta del Sol, las Puertas de Toledo, Segovia y Fuencarral. El general Grouchy ha dado orden de entrar en las casas desde donde se hacía fuego haciendo pasar a cuchillo a todos los que allí se encontraban en ellas. Todas las calles han sido despejadas. Los campesinos que habían conseguido escapar de la ciudad han topado con la caballería y atacados a sablazos.
El cañón y la fusilería habían dejado de percibirse y al recibir los informes de que ya no quedaba nadie en la calle me dirigí al palacio para hablar con el infante don Antonio y decirle que la ciudad debía ser desarmada inmediatamente. En este momento se está haciendo el pregón y luego será enviado a provincias. Los capitanes generales, los corregidores, los alcaldes, los superiores del clero serán los responsables de que así se ejecute y de la tranquilidad del reino.
Sire, hay mucha gente muerta; los cazadores de vuestra guardia han perdido varios hombres. El coronel Daumesnil se ha portado, como siempre, bravamente, ha atravesado dos veces la masa con sus cazadores. Ha tenido veinte hombres fuera de combate, le han matado dos caballos y ha sido herido levemente en la rodilla. Esta noche comunicaré de forma más exacta a Vuestra Majestad sobre este acontecimiento cuando haya recibido los informes detallados de los diferentes generales con mando. En un abrir y cerrar de ojos todo el mundo estuvo en su puesto y debo rendir los mayores elogios a todas las tropas de V. M., especialmente al general Grouchy.
FUENTE: Murat, Comte, Murat lieutenant de l´Empereur d'aprés correspondence inèdite, París, 1847.