Sagasta sobre la insurrección cubana de 1895

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Sagasta sobre la insurrección cubana de 1895

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España, dividida, enflaquecida por las discordias de sus hijos, se levanta unida, se engrandece, se agiganta, y hasta hace, más que proezas, milagros, cuando ve en litigio la unidad o la independencia de la Patria.
Por eso, al creerla enflaquecida y debilitada, los enemigos de la Patria en Cuba se han llevado un grandísimo chasco, porque la Nación española está dispuesta a sacrificar hasta la última peseta de su Tesoro y hasta la última gota de sangre del último español, antes que consentir que nadie le arrebate un pedazo siquiera de su sagrado territorio (Muy bien, muy bien). Por eso España hará todos los esfuerzos necesarios para que eso no suceda, y no sucederá.
Las causas que han promovido la insurrección Yo entiendo que, no este Gobierno, y sobre todo, no aquellas autoridades, sino cualquiera otra que hubiera habido en Cuba, habría sido impotente para impedir la insurrección. Por nuestras leyes, como ha dicho muy bien el Sr. Martínez Campos, por la extensión de aquel territorio, por lo despoblado de una gran parte de él, por sus extensas costas, por nuestro escaso presupuesto para guardarlas, por una porción de causas, es muy difícil impedir que una insurrección aborte; pero aquella autoridad superior dio oportunamente noticias, datos y antecedentes de lo que podía pasar, y el Gobierno hizo lo que podía hacer: tomó sus precauciones, mandó algunos barcos, que era lo que se le pedía, y se preparó para el caso que desgraciadamente ha ocurrido.
Yo creo que la autoridad superior de Cuba ha hecho cuanto podía hacer, y que lo mismo el general en jefe de aquellas tropas, que el general que está a la cabeza de las mismas, están observando una conducta digna y patriótica y dando pruebas de una actividad e inteligencia como es difícil que se dé mayor por nadie. Y en tanto que así suceda, no sólo tienen la confianza del Gobierno, sino que también su gratitud, como seguramente tendrán mañana el reconocimiento de la Nación entera. No hay más remedio, Sres. Senadores: mientras aquellas autoridades sigan al mando de las tropas que están enfrente de los enemigos de la Patria, es preciso, es indispensable, darles todas las atribuciones y todo el prestigio que han menester para que los unos decaigan de sus propósitos locos, y para que los otros no abandonen la autoridad cuando más necesita del apoyo de todos.
Hay motivo, sí, para lamentarse, porque siempre es una desgracia un quebranto para nuestro presupuesto, y luego una gran desgracia, porque además del quebranto de nuestro presupuesto se va a gastar allí la sangre de algunos españoles; pero no hay peligro alguno para la Patria, pues no se puede ni aun siquiera soñar en que esa insurrección tenga consecuencia ninguna desfavorable para la unidad de la Patria, respecto de la cual todos y cada uno de los españoles tenemos el sagrado deber de vigilar con mayor solicitud y más grande entusiasmo cada día. He concluido. (Bien, muy bien)
FUENTE: Discurso de Sagasta en el Senado. Diario de Sesiones del Senado, sesión 8 de marzo de 1895.