Ideario de Sabino Arana, 1897

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Ideario de Sabino Arana, 1897

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El pueblo español, no obstante los largos siglos en que ha gozado de gobierno y legislación católicos, siempre se ha resistido a su benéfica influencia, siempre ha permanecido irreligioso e inmoral, de suerte que este su actual carácter no puede atribuirse en manera alguna al gobierno y legislación liberales que al presente le rigen, sino que éstos así se lo encontraron. Las virtudes católicas de los gobiernos y legislaciones que ha tenido España en los pasados siglos no consiguieron llevar al pueblo antes de trocarse por los vicios liberales. No es, no, el liberalismo del gobierno y las leyes actuales de la nación dominadora la causa inmediata y principal de la perversión de nuestro pueblo. No y mil veces no. Multitud de españoles llegan a nuestra Patria sin haber sentido los efectos de aquel gobierno y aquella legislación, y, sin embargo, multitud de euskerianos que tampoco aún los han sentido, pierden sus más bellas cualidades y se pervierten, al contacto con los invasores. Los españoles que acá inmigraron pocos años después de la liberalización del estado español, nos trajeron el mismo carácter y las mismas costumbres que los que inmigran ahora. El mal no es, pues, reciente. El liberalismo teórico o doctrinal se aprende pero el práctico está en la misma naturaleza humana, empezó con el pecado original y está expreso en muchos, latente en todos: manifiesto está en el carácter y en las costumbres del español, y al contacto del hijo de España con el euskeriano, se entiende y manifiesta en éste y altera su carácter y sus costumbres.
Entre el cúmulo de terribles desgracias que afligen hoy a nuestra amada Patria, ninguna tan terrible y aflictiva, juzgada en sí misma cada una de ellas, como el roce de sus hijos con la nación española. La dominación española es en nuestra raza causa de profunda y extensa irreligiosidad, de intensa y dilatada inmoralidad la influencia española ha causado en nuestro pueblo más víctimas espirituales quizás que las sectas en Irlanda y el cisma y las sectas en Polonia. Nada importa la extinción de nuestra lengua; nada, el olvido de nuestra historia; nada, la pérdida de nuestras propias y santas instituciones y la imposición de las extrañas y liberales; nada, esta misma esclavitud política de nuestra patria; nada, absolutamente nada, importa todo eso, en sí considerado, al lado del roce de nuestro pueblo con el español, que causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón, apartamiento total, en una palabra, del fin de toda humana sociedad. Las virtudes de la familia euskeriana pudieron comunicarse a sus gobiernos y sus leyes antes del día de la esclavitud: pero ya hoy, perdida la independencia, y con ella sus leyes y gobiernos propios, borradas han quedado las fronteras que la apartaban de la familia española, rota y deshecha la barrera que a una y otra separaba, y establecida la íntima comunicación de ambos hogares; y en el solar de la familia euskeriana penetra la española a título de amiga, y de amiga pasa luego a pariente, y con la confianza que la amistad y el parentesco inspiran se hablan sin recelos sus inteligencias, se comunican sus corazones, se compenetran sus espíritus; y el criterio extraviado vence y ahoga al buen sentido moral, la malicia a la bondad, a la verdad el error, la corrupción a la pureza, la vileza a la dignidad, el vicio a la virtud, el mal al bien; y el mal sienta sus reales en nuestras poblaciones y desde ellas extiende sin tropiezos sus conquistas y ya la familia euskeriana, acosada y estrechada por la impetuosa invasión, va viendo perecer, arrollados en el inmundo torbellino, a todos sus hijos, no quedándole ya libre del general naufragio más que la cumbre de sus más altas montañas, cuna de nuestra raza. Salvar a nuestros hermanos, proporcionándoles los medios adecuados para alcanzar su último fin: he ahí el único y verdadero del nacionalismo. Si, pues, éste trabaja por desarrollar nuestra lengua nacional, y por difundir el conocimiento de nuestra historia patria, sólo por ese fin trabaja: y aún la misma independencia no tiene más valor que el de simple medio, si bien ya último y necesario, para el mismo fin. Es, pues, de todas suertes innegable que el euskeriano no puede, sino muy difícilmente, alcanzar su último fin, ni puede la sociedad euskeriana cumplir el suyo, ni puede salvarse nuestra raza. Así lo dijo Bizkaitarra respecto de Bizkaya, y debe entenderse lo mismo de los demás antiguos Estados de nuestra raza: Bizkaya, dependiente de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica en la práctica.
FUENTE: Arana, Efectos de la invasión, Bascritara, 11 de julio de 1897. No rezan con nosotros, Bizcaitarra, 30 de noviembre de 1897. Cit. Corcuera Atienza, Javier, Orígenes, ideología y organización del nacionalismo vasco, 1876-1904, Madrid, 1979, págs. 348 y ss.