El fin de la dominación en Cuba

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El fin de la dominación en Cuba

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En la noche del 31 de Diciembre de 1898, fue arrancado por nosotros el escudo de armas que ostentaba la fachada de la casa cuartel de voluntarios del poblado de Caunao, los dos leones de yeso que le sostenían fueron hechos mil pedazos, el asta bandera desapareció de su sitio; y si mal no recuerdo, la bandera que izaba quedó en poder del teniente coronel de Vizcaya, tal vez como recuerdo de los últimos emblemas de España que flotaron en Cuba.
El sol del 1º de Enero no alumbró nuestro pabellón en el pequeño poblado. Al dar las doce del día, en algunas casas y comercios se enarbolaron banderas americanas y cubanas, pero no se oyó una frase ni un grito que fuese ofensivo para España ni para su ejército; nosotros ya no dominábamos en la Isla, pero seguíamos resueltos a no permitir que nadie nos insultase.
A mediados de Enero llegó a Cienfuegos el general Giménez Castellanos, apresurando con su presencia las operaciones de embarque.
Una de sus primeras medidas fue la de entregar a los cuerpos el importe de la consignación de un mes, gracias a lo cual pudo atenderse a las necesidades del soldado, pues de prolongarse algunos días más la falta de recursos, por lo que a mi batallón se refiere, difícilmente se hubiese podido dar de comer.
Dispuso también el general Castellanos que ingresasen en las cajas de los cuerpos el importe de tres pagas para los sargentos, cabos y soldados, y dos para los jefes y oficiales, los cuales nos serían entregadas a nuestro arribo a la Península, siendo éste el único dinero que en Cádiz percibió la tropa del batallón de Burgos.
Cuando en la tarde del 30 de Enero mi batallón pasó a bordo del vapor francés Los Andes el corazón se nos llenó de júbilo, había llegado para nosotros el codiciado instante de regresar a España.
Desde la bahía de Cienfuegos contemplábamos las altas lomas de Siguanea y ellas traían a nuestra mente los recuerdos de las fatigas pasadas y el de los muchos compañeros de armas que allí encontraron la muerte...
La desgracia fue en todo nuestra inseparable compañera, la compañía Trasatlántica nos trajo a España casi en las mismas condiciones con que hubiese conducido un rebaño de cerdos.
La generosidad del Gobierno español ha sido tanta que escatima el pago de los alcances del pobre soldado.
Es verdad que no son capitalistas, que no poseen títulos de la deuda, no han dado dinero para la guerra, dieron su sangre y las deudas de esta índole en España no se pagan.FUENTE: Manuel CORRAL: ¡El Desastre! Memorias de un voluntario en la campaña de Cuba. Barcelona, Alejandro Martínez, Editor, 1899, pp. 234-236.