«Meeting» anarquista, 6 de enero de 1892

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«Meeting» anarquista, 6 de enero de 1892

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Se ha celebrado esta mañana en el Liceo Ruiz. Asistieron a él unos doscientos compañeros que tiritaban de frío y con frecuencia salían a la calle para tomar el sol.
El compañero Daza manifestó que el anarquismo es el ideal de la humanidad y explicó las diferencias de los antiguos esclavos que se conformaban con su suerte y los modernos obreros que desean sacudir el yugo opresor de los tiranos.
Queremos –dijo- la propiedad colectiva, queremos la liquidación social, arrancar a la burguesía sus privilegios infames, que no quede sobre la tierra más autoridad que la de la Naturaleza y no consentir que los trabajadores siendo el mayor número sufran los rigores del frío sin capa y sin camisa.
El compañero italiano Malatesta se extendió sobre la crisis económica originada por la ambición de los ricos y dijo que el proteccionismo es consecuencia de la misma ambición.
Se rió de las casas para obreros que no se hacen nunca y si se hacen son de papel dijo que la civilización en vez de marchara favor de los obreros lo hace en contra y prueba de ello es que, cuando se inventa por ejemplo una máquina de hacer zapatos, el dueño despide parte de sus operarios en vez de abaratar los zapatos para que se consuman más. Describió la miseria de los obreros napolitanos; negó el ahorro porque miseria y miseria es doble miseria.
Jamás ningún gobierno ha hecho nada por la producción, pues no ha habido quien descubra el modo de sembrar ni una máquina, etc., sino que ha impuesto tributos sobre lo que otros han inventado. Para nada, pues, sirven los gobiernos.
Recordó un brigante napolitano el cual decía que era la vida imposible sin trabuco: Esto no lo decían los pobres viajeros a quienes desvalijaba: Pues bien, lo mismo sucede con los gobiernos; el trabuco. de ellos es la tropa, la policía y la guardia civil.
El compañero Díaz empezó por atacar a los jesuitas y a la religión en general por lo cual fue advertido por el delegado del gobernador que asistía a la asamblea.
El compañero Esteve abundó en las ideas de Malatesta y dijo que era preciso exterminar a una sociedad que necesita para mantenerse de la horca y de los presidios. ¡Vamos a la revolución!
Una voz: ¡Guerra!
Dijo que los republicanos ametrallarían a los obreros llamándoles ladrones y perturbadores del orden social. La República nos asesinaría en cuanto saqueáramos un almacén en uso del derecho que tenemos a la vida.
El compañero presidente se declaró partidario de la destrucción en la revolución social pero no del derramamiento de sangre. Y levantó la sesión a las dos menos veinte recordando que cada cual subiese a depositar su óbolo en metálico para contribuir a la propaganda de las ideas anarquistas.
FUENTE: La Epoca, Madrid, 6 de enero de 1892.