A partir de 1928 en la URSS comenzaron a desarrollarse y aplicarse los llamados planes quinquenales. El objetivo de estos planes era industrializar un país cuyo modelo productivo era más propio de la Edad Media que del siglo XX. Gracias a la exhaustividad y precisión con que se desarrollaron los planes quinquenales, creció en Rusia una potente industria pesada que llevaría a la nación a alcanzar los niveles económicos de Occidente. Sin embargo, éste era un sistema excesivamente planificado desde los despachos de Moscú y que no siempre respondía a la flexibilidad y adaptación que cualquier economía necesita. Así, “el gigante de pies de barro” se mantuvo sólo hasta 1989.