Sobre el triunfo de la revolución comunista en China

| Proyecto de innovación docente. Historia Contemporánea | Administración electrónica |

Sobre el triunfo de la revolución comunista en China

Descargar versión en PDF
  Antes de observar las consecuencias de la revolución china podemos preguntar-nos por qué China ha escogido esta revolución, la del comunismo. Y como la mayor parte de sus razones son válidas para las demás naciones del Extremo Oriente, se comprenderá por qué éstas son igualmente atraídas por el comunismo y por qué, desde entonces, la China puede ser llamada a jugar un papel de jefe de línea entre ellas. Éstas son precisamente las consecuencias de esta revolución. \\    Otras doctrinas se les habían ofrecido, no obstante. Desde finales del siglo XIX, sus ojos se hallaban puestos hacia el Occidente, el faro del progreso, el hogar de las ideas modernas. ¿Qué ganaron con ello? Las viejas potencias coloniales -Gran Bretaña, Francia, Holanda- pregonaban gloriosos principios que hubieran debido ganarse los corazones asiáticos: democracia, libre derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, respeto a las conciencias, libertad de palabra; pero en sus respectivas colonias, esas potencias echaban a un lado sus principios -«la democracia no es un artículo de exportación»- y gobernaban según el derecho del más fuerte. Habiendo mejorado algo el bienestar de sus súbditos, construido algunas carreteras, algunas escuelas y algunos hospitales -también algunas cárceles- las potencias coloniales consideraron que habían cumplido «su misión civilizadora». Los gobiernos cerraban los ojos ante los excesos de los plantadores, de los industriales y comerciantes que habían deducido todo el sentido y todas las consecuencias de la palabra «colonia de explotación». \\    Los chinos, en busca de una doctrina que les ayudara a liberarse, no podían conceder crédito alguno a las de Europa; no veían en ella más que un supremo refinamiento de la hipocresía. \\    Más provocativa en su orgullo juvenil -exaltando el american way of life-,más moderada en sus formas políticos, más desinteresada en apariencia, menos áspera en sus métodos comerciales, más pacífica por estar desprovista de ejército y de policía, la ideología americana podía parecer más seductora: no se mostraba abiertamente imperialista, no pretendía colonizar, pero su doctrina económica -su «dejad hacer, dejad pasar»- no tenía nada de una contribución positiva a la elevación del nivel de las masas asiáticas. Sus condiciones de vida bajas en extremo, su ignorancia general, no podían ser eliminadas más que por una organización, un plan que el liberalismo americano rehusó darles. \\    Todavía quedaba la doctrina del socialismo no comunista. No estaba representada por ningún Estado y si en ciertas metrópolis tenía algún crédito, no podía expansionarse. Para esas metrópolis el socialismo no era tampoco un artículo de exportación y su voz no llegaba hasta el Extremo Oriente. Por otro lado, los partidos socialistas, cuando subieron al poder, no actuaron tampoco de modo distinto de los otros: los laboristas ingleses condujeron la guerra de Malasia, los socialistas franceses la del Vietnam, y los socialistas holandeses la de Indonesia. Tales guerras coloniales no se hicieron para popularizar esta doctrina entre los naturales del Extremo Oriente. \\    Asia también había aportado su contribución ideológica. La primera vino del Japón, que ofreció hacia los años 1941-1942 amistad, protección, ayuda y unificación. Tal fue la famosa «esfera de coprosperidad de la Gran Asia oriental». Este término apareció hacia 1940, inmediatamente antes del principio de sus lejanas conquistas. Era la preparación ideológica. El objetivo oficial de la política japonesa era constituir una especie de federación de los pueblos jóvenes del Este asiático, que, bajo la protección -y la dirección- del Japón se desembarazarían de la intervención occidental, y habiendo conquistado su libertad, se desenvolverían armoniosamente tanto en el dominio político como en el económico. Ese programa era seductor en extremo, pero mal disimulaba un puro imperialismo.FUENTE: JEAN JACQUES BRIEUX: La Chine, du nationalisme au communisme (París 1950), págs. 426-428.