Cuba se aproximaba a una situación crítica, que llevó al Gobierno a retroceder para reconstituir las reservas de cambio a costa de la agudización del desempleo, o a dar decisivos pasos hacia adelante, para liquidar el sistema de favores y de acuerdos de reciprocidad, que sometía la economía de la isla a una semiintegración a la economía de Estados Unidos. \\ La Revolución de 1959 precipitó los acontecimientos y encaminó al país en forma espectacular hacia la segunda alternativa. La reacción de Estados Unidos y el bloqueo económico subsecuente impuesto a la isla por el Gobierno de Washington, por una parte y, por otra, el apoyo que recibió el Gobierno de Cuba de la Unión Soviética y de otros países socialistas, dieron a los acontecimientos una velocidad inusitada, lo que modificó profundamente el cuadro de opciones derivado de la evolución anterior. La Revolución de 1959 debe ser comprendida como parte del proceso de formación del Estado nacional cubano, iniciado con la lucha de liberación contra el poder español. Con todo, el rumbo tomado por esa Revolución no puede ser comprendido sin tener en cuenta que el acto final de ese proceso de liberación se hacía contra Estados Unidos en el momento' crítico, en que el equilibrio termonuclear exigió una rígida demarcación de zonas de influencia entre las dos superpotencias. Así, las circunstancias internacionales que envolvieron a la Revolución cubana desempeñaron un papel decisivo en el rumbo que ésta tomaría. \\ Desde el punto de vista económico, la evolución experimentada por Cuba a partir de la Revolución comprende dos períodos. El primero se distingue por una política tendente a modificar la estructura de poder y la distribución de la renta, mientras que el segundo se caracteriza por un gran esfuerzo orientado a una re-construcción del conjunto de la estructura económica del país. \\ El primer acto importante de la Revolución en el plano económico fue la promulgación de una ley de reforma agraria, que se diferenciaba de otras que conociera América Latina porque no pretendía dividir la tierra. El límite máximo de la propiedad agrícola fue establecido en 30 caballerías (456 hectáreas), siendo expropiadas todas las demás tierras. Si las tierras ya estaban divididas y venían siendo trabajadas por arrendatarios o medieros, éstos las recibían en lotes de 5 caballerías, o sea, 76 hectáreas. Si la propiedad era trabajada como una unidad económica, dicha unidad se conservaba, pasando a ser administrada por una cooperativa o granja del Estado. La reforma conservó inicialmente las propiedades medias, entre 5 y 80 caballerías, las que fueron eliminadas por la segunda ley agraria de octubre de 1963. Esta reforma consistió, esencialmente, en eliminar la renta de la tierra que pagaban cerca de cien mil pequeños plantadores y en transferir al Estado, a través de una poderosa institución creada para ese fin (Instituto Nacional de Reforma Agraria: INRA), el control de todas las propiedades medias y grandes administradas anteriormente como empresas agrícolas. Los pequeños agricultores independientes, nuevos y antiguos, fueron agrupados en la Asociación Nacional de Agricultores (ANA) que posee cerca de 7,2 millones de hectáreas. Las propiedades medias y grandes controladas por el INRA suman aproximadamente 11,4 millones de hectáreas, distribuidas poco más o menos en 1 500 unidades autónomas. \\ Además de la reforma agraria, otras medidas contribuyeron a modificar el perfil de distribución de la renta. Así, en marzo de 1959 los alquileres urbanos fueron reducidos entre un 30 y un 50 por ciento, al mismo tiempo que eran elevados los salarios de los trabajadores urbanos y rurales. Los gastos del gobierno en servicios sociales (principalmente salud, educación y habitación) aumentaron de 390 millones de dólares a 1 321 millones. Estimaciones conservadoras llevan a admitir que, como resultado de las diversas medidas tomadas entre 1959 y 1961, por lo menos un 15 por ciento del ingreso nacional cubano fue transferido desde los grupos propietarios a la masa trabajadora. En esta forma, la Revolución cubana se aproxima más, en su fase inicial, a la ideología socialista clásica de espíritu distributivista, que al socialismo desarrollista que prevaleció en los países de Europa oriental. Las transferencias de ingreso, en este segundo caso, fueron hechas al Estado con el objeto de elevar la tasa de capitalización.FUENTE: CELSO FURTADO: La economía latino-americana desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana. Trad. de Angélica Gimpel Smith (México 1969), págs. 282-283.