MEYER, Jean (2007). Rusia y sus imperios (1894-2005). Tusquets, Barcelona

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MEYER, Jean (2007). Rusia y sus imperios (1894-2005). Tusquets, Barcelona

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Síntesis de la historia de Rusia del siglo XX. El autor maneja una bibliografía impresionante y contribuye a la nueva historia que la apertura de los archivos soviéticos en 1991 va haciendo posible. Es particularmente notable la Introducción así como también aquellas partes que estudian las etapas que, sea por deformación de la propaganda soviética o por falta de fuentes, son menos conocidas por los no especialistas. Por ejemplo, la Gran Guerra, la Revolución y la guerra civil más que la que comienza con Gorvachov (1985) y ésta más que la segunda guerra mundial o Gran Guerra Patria, mucho mejor conocida y que quizá por eso el autor trata con excesiva brevedad.
Va deshaciéndose cierta benevolencia de que Stalin ha gozado siempre por comparación con Hitler y avanza la idea de una naturaleza común a ambos totalitarismos (cf. página 302, por ejemplo). La hambruna de 1933, provocada intencionadamente mientras la URSS exportaba trigo, produjo entre cinco y siete millones de víctimas y es el segundo gran genocidio del siglo, entre el de los armenios por el estado turco (1915) y el de los judíos por los nazis (1942-45). Sospechas aún no resueltas sobre si Gorki fue asesinado por orden de Stalin. En uno de los campos del “archipiélago” Gulag se podía leer una inscripción con estas palabras de Stalin: El trabajo es una cuestión de honor, de gloria, de valor y de heroísmo”, precedente involuntario del siniestro Arbeit macht frei de Auschwitz. Frente al estereotipo del “ucraniano SS” Meyer recuerda que sólo hubo una división Waffen-SS ucraniana, frente a tres holandesas, dos belgas, dos rusas, dos letonas y una francesa. El poderoso cóctel ideológico ideado por Stalin y que llega hasta Brezhnev lo caracteriza Meyer como “una mezcla de marxismo-leninismo, de chovinismo ruso, de imperialismo paneslavo y de antisemitismo popular”. 1989 es el año del despertar de las naciones de Europa central y de las nacionalidades periféricas de la URSS. Como no hubo un Tiananmen soviético, dice Meyer citando a Timothy Garton Ash, la cadena se rompió por su eslabón más débil, las democracias populares, y entre éstas Polonia, que tardó diez años (1979-1989) en derrotar al sistema; gracias a ella, Hungría necesitó diez meses, la RDA diez semanas y Checoslovaquia diez días (página 445). La URSS desapareció, podría decirse, por evaporación, como un charco a sol. Es excelente la narración del putsch del verano de 1991 contra Gorbachov. En la página 455 se define el sistema soviético en la época de Brezhnev como “un capitalismo de Estado ultracentralizado”. El trágico error del 1 de septiembre de 1983, cuando un caza soviético recibió la orden de abatir un Boeing 747 de Korean Airlines o el desastre ecológico del mar de Aral arrastró un enorme desprestigio a la URSS en Occidente. También recuerda Meyer a los que supieron ver con mucha anticipación que la URSS era inviable y su fin inevitable, que casi nunca fueron gente del mundo académico ni estadistas occidentales. Y como éstas otra multitud de ideas nuevas que deshacen tópicos y desvelan secretos hasta hoy guardados. Quizá lo mejor del libro (aunque es difícil decirlo) sea la parte que estudia la crisis final del sistema.