Rigoberta Menchú nació en Uspantán (Guatemala) el 9 de enero de 1959 dentro de una familia de campesinos indígena de la etnia maya-quiché. Involucrada desde muy joven en actividades de reforma social a través de la Iglesia Católica, inicia su militancia en el Comité de Unidad Campesina (CUC). En 1980, ocupó un lugar destacado en la organización de una huelga del CUC para la mejora de las condiciones para los trabajadores agrícolas en la costa del Pacífico. Se refugió en México a los 21 años, donde fue acogida en Chiapas por el obispo Samuel Ruíz García y, aunque regresó al año siguiente a Guatemala, muy pronto tuvo que refugiarse en Nicaragua y luego otra vez en México, desde donde viajó a Ginebra para participar en el grupo de trabajo de la ONU sobre poblaciones indígenas. En 1988 regresó a Guatemala, siendo inmediatamente encarcelada. Participó en la organización de los encuentros indígenas previos a la conmemoración del quinto centenario de la llegada de los colonizadores españoles a América, a la que Rigoberta se había opuesto por ignorar la dimensión trágica que el acontecimiento tuvo para los indios americanos. En 1992 obtuvo el Premio Nobel de la Paz y actualmente se dedica a actividades en favor de los derechos humanos.