El 1 de Agosto de 1936, en un majestuoso estadio olímpico en Berlín, se inauguraron los Juegos Olímpicos. Alemania arrasó en todos los aspectos, no sólo en los deportivos sino también en lo relevante a la organización. Uno de los acontecimientos más conocidos fue la reacción que en Hitler causó las victorias del atleta negro estadounidense Jesse Owens en salto de longitud. Los éxitos de este deportista indignaron al Führer que se negó a felicitarle. Pero los nazis no fueron los únicos en dejar de reconocer los méritos del atleta negro, también se olvidaron de Owens en su Alabama natal, donde los medios de comunicación apenas dieron cuenta del éxito de su compatriota y vecino, reflejo de las corrientes racistas imperantes en la sociedad sureña de los EEUU de los años 30.