El libro no es lo que su título promete, pero no por defecto del autor sino por falta de fuentes. Está basado en los escritos de o a la Embajada alemana en Roma del Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque suponiendo que muchos debieron destruirse al final de la guerra. Faltan los documentos correspondientes a los mismos hechos de fuente vaticana, cerrados a cal y canto los archivos del Papa, como es bien sabido. El autor dice en el prólogo: “... si consideramos a la Iglesia católica una institución política que debe calcular las consecuencias de sus decisiones en términos de racionalidad instrumental, debemos reconocer que la opción de Pío XII era sensata teniendo en cuenta los riesgos que corría. Si, por el contrario, la Iglesia debe defender una postura moral –como asegura- en especial en momentos de crisis aguda, y por lo tanto debe desplazarse en esas ocasiones del ámbito de los intereses institucionales al del testimonio moral, entonces, por supuesto, las opciones de Pío XII deberían mirarse con otros ojos. No sabemos ni tenemos forma de averiguar (he ahí el meollo de la cuestión) si para Pío XII el destino de los judíos de Europa suponía una situación de crisis aguda y un dilema angustioso, o si no era más que un problema marginal que no debía inquietar la conciencia cristiana”. Fuera o no angustioso el dilema, todo muestra que la fobia anticomunista del Papa era superior a cualquier consideración humanitaria y que, aún después de la liberación de Roma por los americanos, fuera ya de la amenaza directa de los alemanes, seguía mostrando su predilección por éstos, aunque conocía perfectamente la naturaleza del régimen nazi y la magnitud de sus crímenes.