Decenas de millares de militares revolucionarios se habían agrupado bajo la bandera de los bolcheviques-leninistas. Los obreros miraban a la oposición con una simpatía evidente. Pero era una simpatía pasiva, pues ya no creían poder modificar la situación por medio de la lucha. En cambio, la burocracia afirmaba que «la oposición se prepara a arrojarnos en una guerra revolucionaria por la revolución Internacional. ¡Basta de trastornos! Hemos ganado un descanso. Construiremos en nuestro país la sociedad socialista. Contad con nosotros, que somos vuestros jefes». Esta propaganda del reposo, cimentando el bloque de los funcionarios y de los militares, encontraba indudablemente un eco en los obreros fatigados y, más aún, en las masas campesinas que se preguntaban si la oposición no estaría realmente dispuesta a sacrificar los intereses de la URSS por la «revolución permanente». Los intereses vitales de la U.R.S.S. estaban realmente en juego. En diez años, la falsa política de la Internacional Comunista había asegurado la victoria de Hitler en Alemania, es decir, un grave peligro de guerra en el oeste; una política no menos falsa fortificaba al imperialismo japonés y aumentaba hasta el último grado el peligro en Oriente. Pero los períodos de reacción se caracterizan, sobre todo, por la falta de valor intelectual. \\ La oposición se encontró aislada. La burocracia se aprovechaba de la situación. Explotando la confusión y la pasividad de los trabajadores, lanzando a los más atrasados contra los más avanzados, apoyándose siempre y con más audacia en el kulak y, de manera general, en la pequeña burguesía, la burocracia logró triunfar en unos cuantos años de la vanguardia revolucionaria del proletariado. \\ Sería ingenuo creer que Stalin, desconocido de las masas, surgió repentinamente de los bastidores armado de un plan estratégico completamente elaborado. No. Antes de que él hubiera previsto su camino, la burocracia lo había adivinado; Stalin le daba todas las garantías deseables: el prestigio de viejo bolchevique, un carácter firme, un espíritu estrecho, una relación indisoluble con las oficinas, única fuente de su influencia personal. Al principio, Stalin se sorprendió con su propio éxito. Era la aprobación unánime de una nueva capa dirigente que trataba de libertarse de los viejos principios, así como del control de las masas y que necesitaba un árbitro seguro en sus asuntos interiores. Figura de segundo plano ante las masas y ante la revolución, Stalin se reveló como el jefe indiscutido de la burocracia termidoriana, el primero entre los termidorianos. \\ Se vio bien pronto que la nueva capa dirigente tenía sus ideas propias, sus sentimientos y, lo que es más importante, sus intereses. La gran mayoría de los burócratas de la generación actual, durante la revolución de octubre estuvieron del otro lado de la barricada... o, en el mejor de los casos, alejados de la lucha. Los burócratas actuales, que en los días de octubre estuvieron con los bolcheviques no desempeñaron en su mayor parte, ningún papel. En cuanto a los jóvenes burócratas, han sido formados y seleccionados por los viejos, frecuentemente elegidos entre su propia progenie. Estos hombres no hubieran sido capaces de hacer la revolución de octubre; pero han sido los mejor adaptados para explotarla. \\ Naturalmente que los factores individuales han tenido alguna influencia en esta sucesión de capítulos históricos. Es cierto que la enfermedad y la muerte de Lenin precipitaron su desenlace. Si Lenin hubiera vivido más tiempo, el avance de la potencia burocrática hubiese sido más lento, cuando menos en los primeros años. Pero desde 1926, Krupskaya decía a los opositores de izquierda: «Si Lenin viviera, estaría seguramente en la prisión.» Las previsiones y los temores de Lenin estaban aún frescos en su memoria y no se hacía ilusiones sobre su poderío respecto a los vientos y a las corrientes contrarias de la historia. \\ La burocracia no sólo ha vencido a la oposición de izquierda, ha vencido también al partido bolchevique. Ha vencido al programa de Lenin, que veía el principal peligro en la transformación de los órganos del Estado, «de servidores de la sociedad, en amos de ella.» Ha vencido a todos sus adversarios -la oposición, el partido de Lenin-, no por medio de argumentos y de ideas, sino aplastándolos bajo su propio peso social. El último vagón fue más pesado que la cabeza de la revolución. Tal es la explicación del termidor soviético.FUENTE: LEON TROTSKY: La revolución traicionada (México 1963), páginas 87-88. \\