Tras el final de la batalla de Stalingrado (1943) el avance soviético no se detuvo hasta la toma del Reichstag en Berlín. En las diferentes conferencias mantenidas con las potencias aliadas, la URSS se aseguró el control de toda Europa Oriental (a excepción de Grecia), donde una vez terminado el conflicto fue imponiendo gobiernos comunistas. El dominio soviético de la región llegaría a su fin en 1989 con la caída de dichos gobiernos comunistas y el final del Pacto de Varsovia.