El objetivo de los aviones torpederos del Soryu eran los acorazados norteamericanos que confiábamos encontrar en el muelle del Arsenal de Oahu. Descendimos a poca altitud y, en el preciso instante en que me, disponía a lanzar mi torpedo, me di cuenta de que lo lanzaba contra un crucero y no contra un acorazado. Yo iba inmediatamente detrás del teniente de navío Nagai y sobrevolamos Oahu antes de descender a altitud de ataque. \\ El teniente de navío Nagai continuó volando en dirección al crucero. Por mi parte, yo no esperaba salir vivo de aquel ataque, temiendo, como todos los demás pilotos, una fuerte reacción antiaérea enemiga. Por tanto, pensaba que, puesto a sacrificar mi vida, mejor sería ofrendarla picando contra un acorazado. \\ Los aviones del Soryu fueron acogidos por intenso fuego de los navíos norteamericanos, ya alertados por las precedentes oleadas del Akagi y del Kaga. Balas de ametralladora dieron contra mi avión, que acusó los golpes con violentas vibraciones, y, pese a mi propósito de apartar-me del crucero y atacar al grupo de acorazados anclados cerca de la isla de Ford, me vi obligado a continuar mi ruta en línea recta y bajo un fuego granizado. \\ Atravesé así la línea de los navíos de gran tonelaje y luego viré a la izquierda; comprobando con placer que mi avión seguía obedeciendo a los mandos. Elegí entonces como objetivo un acorazado que vi a cierta distancia del grupo principal, que atacaban en aquel momento los aviones del Soryu al torpedo, pues me pareció que aquel navío era el único que había resultado indemne. \\ Maniobré en forma que me permitiera seguir una ruta lo más correcta posible, pues sabía que la profundidad de las aguas de la bahía no sobrepasaba los once metros, y el menor error en la velocidad o en la altitud del lanzamiento podía provocar el. mal funcionamiento del torpedo, que, yéndose al fondo o emergiendo, reduciría a la nada, en los dos casos, todos mis esfuerzos. \\ En aquel momento yo apenas tenía consciencia de mis actos y obraba como un autómata siguiendo las normas que me habían inculcado en mi largo período de adiestramiento. \\ De pronto, el acorazado pareció saltar ante mi avión, elevándose muy alto, como una enorme montaña gris. \\ Entonces oí la orden: "¡Listos para lanzar...! ¡Lancen!" \\ Mientras, concentrado únicamente en mi maniobra, yo me había olvidado completamente del fuego enemigo y no oía el rugido de mi propio motor. Llegado el momento, tiré con todas mis fuerzas de la palanca de lanzamiento. El avión se encabritó y se puso a vibrar bajo el efecto de. los proyectiles que le alcanzaban en las alas y en el fuselaje. Sentía que se me iba atrás la cabeza y tuve la impresión de haber chocado de frente contra una gruesa barra de hierro... ¡Pero lo había conseguido! El lanza-miento fue perfecto, y mi avión volaba y seguía obedeciéndome. El torpedo no podía fallar el blanco. Sólo entonces me di cuenta de mi situación y de la intensidad del fuego enemigo. \\ Segundos después, pasaba recto sobre mi objetivo, y, con un nuevo viraje, sobrevolé la extremidad Sur de la isla de Ford, poniendo rumbo Sur -dirección inversa al Soryu- para, tal como se nos había ordena-do, no revelar la verdadera posición de nuestro portaaviones (...).FUENTE: OKUMIYA, M. y HORIKOSHJ, J., Lucha y muerte de la Aviación Naval Japonesa. Madrid, Fermín Uriarte Editor, s/f, pp. 47-48.