La implantación de la segunda revolución industrial significó la división del mundo en países industrializados y desarrollados tecnológicamente y países que no lo estaban. Evidentemente los primeros se impusieron fácilmente a los segundos. Como puede observarse en la tabla el mundo de comienzos del siglo XX estaba bajo la dependencia de Europa. Con su superioridad, Europa afirma su hegemonía en todos los ámbitos, imponiendo sus ideales, así como sus modelos culturales y económicos.