Con la llegada de la I Guerra Mundial los importantes avances tecnológicos que se habían desarrollado principalmente durante los primeros años del siglo XX se pusieron al servicio de la guerra. Así, la potencia de fuego de las nuevas armas aumentó considerablemente, con lo que el número de victimas fue el mayor conocido hasta la fecha en un conflicto armado. No sólo el número de muertos fue verdaderamente importante, sino también el número de heridos, dada sobre todo la intensa utilización de la artillería. Provocando un elevado número de heridos los ejércitos combatientes conseguían, además, dos de sus objetivos, por un lado colapsar la retaguardia y por otro aumentar el desgaste, no sólo psicológico sino también económico, en el otro bando.