Al igual que en el caso de Alemania, el imperio austrohúngaro debió afrontar importantes pérdidas territoriales una vez finalizada la I Guerra Mundial. Su antaño vasto territorio quedó fragmentado en numerosas naciones y el imperio como tal desapareció. De este recorte se beneficiaron muchas nacionalidades; nació Austria, Hungría, Checoslovaquia; y otras naciones, como Italia o Rumanía, recibieron nuevos territorios.