En los acuerdos diplomáticos que precedieron a la I Guerra Mundial, Italia quedó encuadrada en una alianza con los imperios de alemán y austrohúngaro. Tras no participar en la guerra durante el primer año, en 1915 y tras un acuerdo secreto firmado con Francia e Inglaterra, Italia volvió a las armas y comenzó a luchar contra sus antiguos aliados de la Europa central. La Entente logró el apoyo de Italia gracias a las promesas de importantes concesiones territoriales una vez terminara el conflicto armado, especialmente a costa de Turquía y Austria-Hungría. Tras el final de la guerra, en muchos italianos quedó la sensación de que Italia había sido menospreciada por Inglaterra y Francia, dado que sus exigencias no se cumplieron plenamente. Esta frustración incidió en el avance del nacionalismo excluyente en la península italiana, y se sitúa como una de las causas del éxito entre los italianos del discurso de Mussolini.