La falta de unidad de mando militar entre los aliados

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La falta de unidad de mando militar entre los aliados

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  Uno de los mayores errores cometidos por nuestra coalición durante la última guerra ha sido la falta de dirección en las operaciones. Ya tuve ocasión de llamar la atención, a propósito de la aventura de los Dardanelos y de la catástrofe servia, sobre los inconvenientes de esta laguna. Se me objetará que nuestros adversarios no estaban situados en mejor posición que nosotros. A eso, debo responder desde luego que los errores de nuestros adversarios no justifican los nuestros; además la situación no era la misma en los dos campos. La posición geográfica de nuestros adversarios, agrupados en un solo bloque, les compensaba en cierto modo de la falta de unidad de mando; ellos tenían la libertad de concentrar sus esfuerzos en el punto y la hora que escogiesen. Nuestro campo, por el contrario, se encontraba dividido en tres fracciones; el grupo occidental en el cual incluyo las fuerzas italianas con las cuales nos comunicábamos libremente, el grupo de los ejércitos aliados de Oriente, y los ejércitos rusos. La conexión entre las potencias occidentales y los ejércitos de Salónica se hacía con una relativa facilidad pero al precio de enormes cargas impuestas a nuestros marinos y de dispendios considerables. En contrapartida, el teatro occidental no comunicaba con los ejércitos rusos más que por las vías intermitentes del Océano Glacial o por el transiberiano y los puertos del Extremo Oriente. \\    Ahí estaba nuestra debilidad. Esta inferioridad no se podía compensar más que por la concordancia de nuestras acciones en el tiempo. Esto es lo que conseguí hacer comprender y adoptar en la conferencia interaliada de Chantilly, en diciembre de 1915. \\    Pero esto no es suficientemente decisivo. En la guerra, sólo cuenta la ejecución. El acuerdo que yo conseguí establecer no representaba un progreso real más que a condición de asegurar su realización. La posición preponderante que el ejército francés ha tomado en este conflicto y la autoridad moral que los comandantes en jefe aliados han querido reconocerme me conferirían el deber de realizar esta coordinación indispensable. Es esta la acción que yo ejercí sobre todos los teatros exteriores a aquellos que yo mandaba directamente, de la cual quisiera dar aquí un resumen global. \\    Para hacerse una idea de las dificultades con que chocaba, es suficiente pensar que en lugar de mandar (que es la única manera de conducir las operaciones militares), estaba obligado a persuadir a los generales en jefe aliados, de los cuales unos, como Haig y Cadorna, eran mis iguales, y los otros, como el Rey de los Belgas, el Zar y el príncipe Alejandro de Servia unían a sus funciones militares las de Jefes de Estado. Añádase a esto que todos esos comandantes en jefe, sin distinción, estaban limitados en su iniciativa y en su buena voluntad por trabas políticas, y se tendrá idea cabal de las condiciones en que se planteaba cada problema estratégico a resolver.FUENTE: Mémoires du Maréchal Joffre. 1910-1917, II (París 1932), páginas 274-275. \\