La represión llevada a cabo por los gobiernos y el reconocimiento por parte de los distintos movimientos obreros de la necesidad de una organización internacional, hicieron que se resucitara la Asociación Internacional de Trabajadores en París en 1889. Entonces se intentó hacer una asociación más flexible y menos rígida que la I Internacional de 1864, ya que esa rigidez había sido una de las causas de la exclusión de los anarquistas. En esta reunión van a estar representados todos los líderes obreros europeos, con un fuerte protagonismo por parte del Partido Socialista Alemán (SPD). Las grandes cuestiones que se trataron fueron sobre todo la huelga general, que se había considerado hasta entonces una herramienta muy útil en la lucha contra el sistema burgués; la expansión colonial, a la que consideran un movimiento burgués que sólo busca la ampliación de mercados, la obtención de materias primas baratas y una mano de obra casi esclava; y el presagio de una guerra entre las potencias europeas, frente a lo que la Internacional se posiciona en contra, con la consigna de que los trabajadores no deben luchar dado que sería una guerra causada por el capitalismo y el imperialismo, aunque no se concretaron medidas para actuar en el caso de que se produjera. Como en la primera ocasión afloraron las tensiones entre marxistas y anarquistas, sobre todo en torno al tema de si era o no conveniente la colaboración con los partidos burgueses de izquierda, colaboración que de hecho se producía, especialmente por parte de los socialistas franceses e italianos.