La Revolución Industrial que comenzó en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y fue luego extendiéndose al resto del continente, se basaba en la explotación de la clase trabajadora, hombres, mujeres y niños que vivían y trabajaban en unas condiciones miserables de vida. En los albores del siglo XIX los trabajadores oprimidos de Inglaterra comenzaron a organizarse de forma colectiva. Son los orígenes del movimiento obrero y una de sus primeras manifestaciones es la que vemos representada en la imagen, una marcha organizada por el movimiento cartista, el 10 abril de 1848, tras dos frustrados intentos de mejorar su situación a través de una petición al parlamento. Las peticiones al Parlamento eran un derecho del pueblo de larga tradición, ya reconocido en la Carta Magna de 1215. En 1838 un grupo de obreros redactó una “Carta del Pueblo” que presentó al Parlamento acompañada de más de un millón de firmas donde se solicitaba entre otras medidas el sufragio universal masculino, el voto secreto, el derecho de los no propietarios a ser elegidos diputados, retribución para éstos, etcétera, en un país donde la Cámara de los Lores no era electa y a la de los Comunes sólo votaba el cinco por ciento de la población masculina (además, la mayoría de miembros del Parlamento compraba sus escaños o era elegido por terratenientes que controlaban media docena o más de circunscripciones electorales). Al no conseguir sus objetivos en 1841 volvieron a intentarlo presentando entonces más de tres millones de firmas. Aunque los cartistas no consiguieron sus objetivos, obtuvieron éxitos parciales, como la reducción de la jornada laboral primero a 12 y después a 10 horas y sobre todo impulsaron la concienciación de los trabajadores en torno a objetivos políticos.