Los inicios del movimiento obrero organizado, París, 1833

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Los inicios del movimiento obrero organizado, París, 1833

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Los obreros de diferentes profesiones se quejan de la insuficiencia de sus salarios para satisfacer a sus necesidades... Unos combaten la legitimidad de nuestras reclamaciones y aconsejan a nuestros burgueses que rechacen sin piedad nuestras demandas; otros nos dicen que tengamos paciencia, como si hubiese tiempo de espera cuando se tiene hambre. Los que sufrimos no contamos sino con nosotros mismos; nosotros sentimos el mal y buscamos un remedio inmediato y eficaz; apliquémosle. Creo que lo encontraremos en la asociación... Comprendéis perfectamente que la asociación tiene la doble ventaja de unir todas las fuerzas y de dar a este todo una dirección. Si nos quedamos aislados, diseminados, somos débiles... Nos es necesario, pues, un vínculo que nos una, una inteligencia que nos gobierne: hay que tener una Asociación. Así, el primer paso debe ser formar un cuerpo compuesto de todos los trabajadores, dar a este cuerpo una administración que le gobierne, una comisión que discuta con los patronos los intereses del cuerpo profesional, o que reciba de mano de los consumidores la obra a realizar y la distribuya entre los asociados. A una señal dada por ella todos los obreros abandonarán - “los talleres, y estarán en huelga para obtener de los patronos el aumento de precio reclamado. Pero no alcanzaréis el objetivo que os habéis propuesto sino conseguís formar una Asociación de todas las profesiones. Hay que unir las sociedades particulares de trabajadores mediante un vínculo común, hay que establecer entre ellas unas relaciones fáciles y prontas... Los derechos, los intereses de los obreros son siempre los mismos, aunque pertenezcan a distintas profesiones; defendiendo los derechos y los intereses de una profesión, se protegen los derechos y los intereses de todas las demás. Todos queréis un salario en armonía con vuestras necesidades, todos queréis ganar con vuestros brazos para vivir honestamente; todos tenéis las mismas necesidades, todos tenéis hambre, todos queréis pan... ¿Por qué permanecer divididos en lugar de unirse? ¿Por qué debilitaros en lugar de unir vuestras fuerzas? FUENTE: E. DOLLEANS: Histoire du mouvement ouvrier, I (París 1947), pág. 87.