Señores: La gravedad del tiempo en que vivimos no escapará a ninguno del ustedes. Todos los grandes Estados europeos hacen preparativos en previsión de un porvenir incierto. El mundo entero se pregunta sobre la posibilidad de una guerra. No creo, que ningún gobierno asumirá la carga de desencadenar el incendio. Los gobiernos poderosos son una garantía de paz. Pero las pasiones populares, la ambición de los jefes de partido y la opinión pública mal dirigida son los elementos que pueden hacer variar la voluntad de los gobernantes. ¿No hemos visto que las crisis de la Bolsa pueden conducir a la guerra? Si en esta tensión política hay un Estado capaz de trabajar por mantener la paz, éste es Alemania. Alemania no está interesada en las cuestiones que agitan alas otras potencias, pues desde la constitución del Imperio no quiere atacar a ninguno de sus vecinos, al menos que se vea obligada a ello. Pero señores, para cumplir esta difícil misión es necesario que Alemania sea poderosa y esté armada como en tiempo de guerra. Si entonces nos vemos forzados, aún en contra de nuestra voluntad, a intervenir tendremos al menos los medios de defendernos. ...No tenemos instinto guerrero. No necesitamos una guerra, somos de esos Estados que el príncipe Metternich llamada «Estados saturados». No deseamos nada que precise para conseguirlo el uso de la espada.
...Después de la Paz de Francfort, nuestro primer deseo fue mantener un-paz tan amplia que hiciera posible consolidar el imperio alemán. No era una empresa fácil. Hemos obtenido una entera satisfacción con Austria... Desconozco si triunfaremos en el intento de conseguir una era de paz tan larga, es decir, de más de treinta años. Nuestros esfuerzos en este sentido son sinceros, pero, necesitamos una fuerte armada que asegure nuestra independencia al margen de toda alianza.
Nuestra amistad con Rusia no ha sufrido interrupción durante la época de guerras y hoy no puede ponerse en duda... La cuestión está en saber cómo serán nuestras relaciones con Francia. Entre nosotros y Francia resulta difícil la paz porque existe un largo proceso histórico en torno al trazado de las fronteras. ¿El tiempo de lucha con la nación francesa a causa de la frontera ha pasado definitivamente? Nadie lo sabe. Yo sólo puedo expresar mi temor: esa lucha no se ha terminado, será necesario que todas nuestras relaciones respecto de la frontera se modifiquen plenamente. La superioridad de Francia podrá conseguir las alianzas que desee. No creo que estas alianzas se produzcan. Es el papel de la diplomacia evitar estas alianzas y preparar contra-alianzas si aquéllas se producen. Para mí, no quiero considerar el duelo entre nosotros y Francia, que se puede abrir tan pronto como Francia sea más fuerte que nosotros.
FUENTE: Ch. Andler, Les origines du Pangermanisme.