Austria fue una de las principales potencias en los acuerdos de Viena de 1815 en los que se creó la Confederación Germánica, cerca de 40 estados alemanes que estarían bajo la presidencia y control del Imperio austriaco. Los más importantes estados de la Confederación eran el reino de Prusia y, en menor medida los reinos de Baviera, Wurttemberg, Hannover y Sajonia. El único órgano comunitario era una Dieta o Parlamento federal, presidido igualmente por el emperador de Austria. El artífice de la unificación alemana fue el aristócrata y político prusiano Otto von Bismarck, que en septiembre de 1862 fue nombrado primer ministro de Prusia por el rey Guillermo I. Su plan era ampliar el territorio de Prusia y aumentar su poder a expensas de los estados vecinos y unir así a la mayoría de los alemanes en torno al rey Guillermo I. Aunque no contaba con un plan diseñado de antemano era un hombre implacable y estaba dispuesto a aprovechar las divergencias entre las otras grandes potencias para lograr sus objetivos. El Ejército prusiano, recientemente reorganizado y mejor equipado, sería el instrumento con el que alcanzaría sus objetivos en política exterior, en primer lugar derrotando a la poderosa Austria en 1866 y después completando la unificación tras la derrota de Francia en Sedán en 1870.