Dirección: Nicholas Ray (Andrew Marton, Guy Green; no acreditados).
Guión: Bernard Gordon, Philip Yordan.
Fotografía: Jack Hildyard.
Música: Dimitri Tiomkin.
Producción: Samuel Bronston.
Productora: Samuel Bronston Productions.
Charlton Heston (Maj. Matt Lewis), Ava Gardner (Baroness Natalie Ivanoff), David Niven (Sir Arthur Robertson), Flora Robson (Dowager Empress Tzu-Hsi), John Ireland (Sgt. Harry), Harry Andrews (Father de Bearn), Leo Genn (Gen. Jung-Lu), Robert Helpmann (Prince Tuan), Kurt Kasznar (Baron Sergei Ivanoff), Philippe Leroy (Julliard), Paul Lukas (Dr. Steinfeldt), Elizabeth Sellars (Lady Sarah Robertson).
Pekín 1900, durante la revuelta de los boxers. El Mayor Matt Lewis (Charlton Heston) llega a Pekín al mando de una compañía de la Infantería de Marina de los Estados Unidos para reforzar la guarnición de las embajadas europeas durante la evacuación. El embajador británico, Sir Arthur Robertson (David Niven), prefiere esperar a la columna de socorro que marcha desde la costa para prestarles auxilio. Cuando la columna es derrotada por las tropas imperiales los miembros de las delegaciones europeas en Pekín se atrincheran en el recinto diplomático junto con un grupo de chinos cristianos. Cuando comienza el asedio, la guarnición rechaza los ataques, pero la situación comienza a ser desesperada, ya que escasean las municiones y las medicinas para los heridos. La baronesa Natalie Ivanoff (Ava Gardner), viuda de un oficial ruso que trabaja como voluntaria en el hospital, negocia una tregua para intentar obtener medicamentos, pero resulta gravemente herida y muere. Lewis y el embajador británico realizan una salida y consiguen volar el depósito chino de municiones. Cuando todo parece estar perdido, llegan las tropas accidentales y rompen el asedio.
Drama épico y colosalista cuyo rodaje (realizado en España, a las afueras de Madrid) fue conflictivo desde el principio. A los problemas financieros se sumaron las profundas discrepancias entre Nicholas Ray con algunas estrellas del reparto (especialmente Charlton Heston) y, sobre todo, con el productor. Ray pretendía darle un toque personal al film, profundizando en los aspectos psicológicos de los personajes, mientras que Bronston, que buscaba una producto comercial, aprovechó los problemas de salud del realizador para reemplazarlo al final del rodaje, que terminaron Marton y Green, y remontar toda la película. El resultado final es una típica superproducción que se permite numerosas licencias históricas y plantea la historia desde una perspectiva abiertamente maniquea e incluso racista.